Un nuevo informe de Amnistía Internacional destaca la violencia estatal de género contra activistas, defensoras de derechos humanos y periodistas mujeres en Cuba. El documento, basado en 52 testimonios entre 2014 y 2025, revela patrones de represión que instrumentalizan la maternidad y amenazan a familias. Mujeres como Yenisey Taboada han enfrentado acoso constante por denunciar abusos contra sus hijos presos.
Desde el 11 de julio de 2021, Yenisey Taboada Ortíz ha dedicado sus días a publicar videos en Facebook denunciando abusos contra su hijo Duannis Dabel Leon Taboada, condenado a 14 años en la prisión Combinado del Este por participar en las protestas de ese año. A pesar del acoso de la Seguridad del Estado, detenciones arbitrarias y amenazas, Yenisey cuida de su familia y busca provisiones para su hijo, aunque a veces se le prohíbe visitarlo. “Siempre trato de dar lo mejor de mí como madre, pero a veces las cosas se me escapan de las manos”, le dijo a El Toque.
El informe de Amnistía Internacional, titulado “They want us silent, but we keep resisting: authoritarian practices and state violence against women in Cuba”, analiza prácticas autoritarias como detenciones arbitrarias, desapariciones forzadas y vigilancia indebida, con un enfoque en la violencia de género. Johanna Cilano, investigadora de Amnistía para el Caribe, explica que un patrón notable es “la instrumentalización de la maternidad para intentar que estas mujeres defensoras de derechos humanos, activistas y periodistas dejen de hacer su trabajo, dejen de participar en protestas o dejen de exigir la libertad de sus hijos”.
El reporte menciona casos como los de la periodista Luz Escobar, la escritora María Matienzo, la artista Camila Lobon y la activista Carolina Barrero, quienes huyeron al exilio tras persecución. Incluye amenazas directas a la seguridad de hijas e hijos, negativas de visitas a prisiones y refusos para entregar medicamentos o alimentos. Alina Bárbara López, historiadora de 60 años, ha sufrido detenciones violentas y procedimientos judiciales. “La Policía cubana (incluidas sus mujeres oficiales) es misógina. Y la Seguridad del Estado aún más”, afirma.
María Matienzo resalta que discutir la violencia de género en Cuba ha sido un tabú, impactando familias, cuerpos y bienestar psicológico, con racismo estructural que agrava el caso de mujeres negras y pobres. Instituciones como la Seguridad del Estado, la Federación de Mujeres Cubanas y la Policía Nacional Revolucionaria perpetúan esto, bajo un marco legal criticado por la CIDH, procedimientos de la ONU y el CEDAW en 2024.
Amnistía recomienda que la ONU, la OEA y la UE monitoreen la situación, exijan cooperación a La Habana y apoyen a la sociedad civil en exilio. La visibilidad internacional protege a estas mujeres, como reconoce Alina Bárbara López: “Ha atado en alguna medida las manos a los que están en el poder”. Yenisey Taboada insta a otras madres: “El silencio mata, el dolor destruye... Debemos liberarnos, gritar, exigir nuestros derechos”.