En la localidad catalana de Cardona, un puente proyectado en el siglo XIV para reemplazar una estructura inundable quedó sin terminar. Aunque se construyeron solo dos de sus arcos centrales, la obra inacabada se ha convertido en un atractivo turístico. Hoy se le conoce como Puente del Diablo por su silueta peculiar.
La ciudad de Cardona, en la provincia de Barcelona con menos de cinco mil habitantes, alberga una curiosa reliquia histórica: un puente que nunca se completó. Proyectado para sustituir al puente de Sant Joan, vulnerable a las riadas estacionales del río Cardener, la construcción se inició en la primera mitad del siglo XIV. Originalmente bautizado como Puente Nuevo, prometía ser una de las obras más destacadas de la época por su magnitud, según escritos e instancias conservados y explicaciones del servicio de turismo de la Generalitat de Catalunya.
Sin embargo, la obra se detuvo por motivos desconocidos. Del proyecto de cuatro o cinco arcos, solo se levantaron los dos centrales, con medidas de 25,50 metros de diámetro para el mayor y 15,80 metros para el menor, sumando 59,25 metros en total. Los extremos apenas se iniciaron. Los pilares alcanzan una profundidad de cinco metros y conservan tajamares en el lado de las aguas.
Esta incompletitud cambió su nombre a Puente Roto o Puente del Diablo, en alusión a su forma inusual. Aunque nunca sirvió como infraestructura útil, hoy atrae a visitantes curiosos que lo fotografían. Cardona ofrece otros puntos de interés como el castillo medieval, la colegiata de Sant Vicenç, la iglesia de Sant Miquel y el Parque Cultural de la Montaña de Sal, enriqueciendo la experiencia histórica del lugar.