Maestros cubanos educan con manos vacías ante bajos salarios

En Cuba, los maestros enfrentan graves desafíos económicos, con salarios que apenas cubren necesidades básicas. Muchos complementan ingresos con trabajos secundarios o remesas, lo que provoca un éxodo de la profesión. A pesar de esto, continúan educando con resiliencia.

El timbre suena en una escuela de La Habana, marcando no solo el inicio de clases, sino el comienzo de otro día de resistencia para los maestros cubanos. Según el relato de Safie M. González en Havana Times, los educadores trabajan ante pizarras desgastadas y mapas obsoletos, armados con paciencia y vocación, pero con salarios mensuales que oscilan entre 4.000 y 5.000 pesos cubanos, equivalentes a 9-11 dólares estadounidenses. Esta cantidad equivale a dos o tres kilogramos de pollo o un par de zapatos baratos en el mercado informal.

La maestra Yamile explica: “Mi salario no cubre ni una semana de comida. Venir a la escuela todos los días es un acto de fe. Abres la cartera y ahí está tu pago —una cifra casi simbólica, una verdadera ironía del valor real que se da a nuestro trabajo”. La jornada laboral no termina al salir de la escuela; muchos se convierten en vendedores informales de dulces o café, o buscan empleos nocturnos. Aquellos con remesas de familiares en el extranjero logran sobrevivir, mientras los más jóvenes trabajan en sus días libres. El agotamiento se convierte en compañero constante en el aula.

Esto genera un éxodo silencioso: aulas superpobladas y materias sin profesores calificados, como Educación Física, que desaparece cuando el instructor emigra o encuentra mejor pago en un gimnasio. La calidad educativa, orgullo histórico de la Revolución, se deteriora con materiales obsoletos y preocupaciones constantes por llegar a fin de mes. Generaciones mayores recuerdan cuando los salarios de maestros tenían poder adquisitivo decente, pero hoy profesiones con menos preparación superan sus ingresos.

El gobierno reconoce el problema e implementa aumentos salariales, pero estos se ven eclipsados por la inflación descontrolada. Aun así, los maestros persisten: corrigen exámenes a la luz de velas durante apagones, comparten meriendas con alumnos y crean materiales didácticos de objetos reciclados. Su salario no refleja su valor, pero enseñan una lección vital: dignidad ante el descuido y resistencia contra las adversidades.

Este sitio web utiliza cookies

Utilizamos cookies para análisis con el fin de mejorar nuestro sitio. Lee nuestra política de privacidad para más información.
Rechazar