Durante aproximadamente una década, los movimientos nacionalistas franceses se han posicionado como guardianes de los derechos de las mujeres, particularmente contra la violencia sexual. Este cambio, visto en el Rassemblement national y sus contrapartes europeas, rompe con las posturas patriarcales tradicionales. Representa un 'femonacionalismo' dirigido a ampliar el electorado sin abandonar las ideas xenófobas.
La ultraderecha francesa ha visto tradicionalmente a las mujeres a través de una lente procreadora, como el 'útero de la civilización blanca', lejos de las demandas feministas emancipadoras. En 1996, Jean-Marie Le Pen declaró a Le Parisien: 'Es ridículo pensar que sus cuerpos les pertenecen; pertenecen al menos tanto a la naturaleza y a la nación'.
El Front national (FN, precursor del RN) permaneció como un partido dominado por hombres hasta finales de los 2000. El sociólogo Sylvain Crépon señala que 'las posiciones de Jean-Marie Le Pen sobre el aborto, su énfasis en la virilidad y su lenguaje sexista y misógino alejaron durante mucho tiempo a las mujeres de unirse al partido'.
En la década de 2010, surgió una nueva generación de militantes de ultraderecha femeninas, menos inclinadas a rechazar la herencia feminista. Desde el colectivo Némésis hasta Marine Le Pen, la derecha nacionalista adopta una postura feminista superficial. Este 'femonacionalismo' ha sido destacado recientemente por la cobertura militante del juicio al asesino de Lola y una tentativa de violación en el RER C, explotadas para criticar la violencia relacionada con la inmigración.
Esta retórica también es evidente en Europa, permitiendo a la ultraderecha expandir su base mientras preserva sus opiniones xenófobas.