En La Habana, los cementerios y funerarias experimentan una actividad inusual debido a un aumento en las muertes por dengue y chikungunya, que afectan especialmente a ancianos y personas con enfermedades previas. Las familias cuestionan las causas oficiales de muerte en medio de una crisis de salud pública similar a la pandemia de COVID-19.
En los últimos días, los cementerios de La Habana, como el de Colón, Guanabacoa y Regla, junto con funerarias en esos municipios y en Calzada y K en El Vedado, han visto un flujo constante de vehículos fúnebres y familias afligidas. Decenas de parientes buscan respuestas sobre las causas de fallecimiento en medio de una epidemia de dengue y chikungunya que llena las unidades de cuidados intensivos.
Maritza, de 38 años, relató cómo su abuela de 89 años, diabética, comenzó con síntomas parecidos a un resfriado que empeoraron rápidamente: retención de líquidos, hinchazón y pérdida de apetito. El certificado médico indicó un infarto, pero la familia atribuye la muerte al virus, sin tratamientos ni planes disponibles. Todos en la casa se infectaron.
Un médico del hospital La Beneficencia confirmó que se registra el órgano fallido, no la infección, aunque estos virus agravan condiciones existentes y aceleran muertes, sobre todo en ancianos. Un trabajador de la funeraria de Guanabacoa describió días con 10 a 20 fallecimientos, inusuales hace meses, y notó que las familias culpan a complicaciones virales por negligencia y falta de ayuda.
Frank, vigilante nocturno, contó que su tía murió hace un mes tras un deterioro en 48 horas, habiendo sobrevivido al COVID pero no a estos virus. La crisis revela un colapso estructural en la salud pública, con hacinamiento y duelo sin recursos, similar a los peores momentos de la pandemia hace cinco años.