Festival de cine de La Habana ilumina pese a apagones en la ciudad

La 46 edición del Festival de Cine de La Habana avanza con luces y proyecciones en El Vedado, contrastando con los apagones generalizados en la ciudad. Los asistentes describen una división surreal entre el brillo del festival y la oscuridad de la vida cotidiana. Las narrativas oficiales resaltan la resiliencia cultural, mientras que los críticos señalan las crisis subyacentes.

La 46 edición del Festival Internacional de Cine de La Habana se celebra en medio de un contexto de apagones frecuentes que afectan gran parte de la capital cubana. Mientras las calles de barrios como Guanabacoa, Regla y Luyanó permanecen a oscuras, el área de El Vedado, sede principal del evento, cuenta con iluminación, música y pantallas. Un aficionado al cine describe el trayecto hacia el festival como "una secuencia de Muerte de un burócrata", y al llegar, siente que entra en "un set que intenta decir ‘todo está bien’, pero el corte de edición no engaña a nadie".

Proyecciones han sido interrumpidas por fallos eléctricos, como ocurrió con la película brasileña El agente secreto en el cine Yara, que terminó abruptamente. Desde el exilio, el cineasta Carlos Lechuga critica la situación: "El país está enfermo, sin hospitales, el sistema eléctrico colapsado, miles de lugares sin agua. Cero higiene. Nada para comer. Precios por las nubes y salarios risibles. El país dolarizado y la gente ganando en pesos". Él concluye: "Han destruido Cuba".

La inauguración incluyó mensajes de apoyo a Venezuela y a Nicolás Maduro, un gesto político considerado fuera de lugar por algunos. La primera dama Lis Cuesta defendió el evento en X como prueba de la "resistencia luminosa de la cultura cubana", con 2.200 obras de 42 países, de las cuales se muestran 222. Mencionó ingresos por cuotas de inscripción de unos 15.000 dólares y generadores instalados en cines del Proyecto 23, además de pantallas móviles para comunidades. Un usuario respondió: "Pan no, pero circo. ¿Las proyecciones en bloques rotativos, como los apagones?".

Los cines se llenan para filmes cubanos o estrenos, pero clásicos extranjeros como Mecánica Nacional atraen solo a unos 50 espectadores, muchos por el aire acondicionado. Ante el Chaplin, hay música nocturna; Arnaldo y su Talismán abrió sin interpretar No dejes que se apague la lucecita, que un espectador bromeó como himno ideal. El festival refleja el deterioro cultural en un país con infraestructura en ruinas y una epidemia de arbovirus, similar a lo vivido en el Festival de Teatro de La Habana en noviembre, criticado por Norge Espinosa como mediocre y forgetable. Al final de las noches, los espectadores regresan a sus barrios oscuros, improvisando la supervivencia en una realidad que devora la ficción.

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