La actriz se sinceró sobre los tiempos difíciles en los que la fama convertía las salidas familiares en una persecución total. En el podcast Shut Up Evan, detalló cómo los fotógrafos hacían imposible realizar actividades infantiles normales.
Jennifer Garner recibió la llamada que ninguna madre quiere: la asociación de fútbol le pidió que dejara de llevar a sus hijos porque 20 coches llenos de fotógrafos aparecían constantemente. Le contó a Evan Ross Katz que el caos incluía conductores saltándose semáforos en rojo y circulando por jardines, lo que ponía a todos en peligro.
Junto a Ben Affleck, sus hijos, Violet, Fin y Samuel, que eran pequeños por aquel entonces, tuvieron que lidiar con las puertas del pediatra bloqueadas y el constante acoso de los fotógrafos. Garner admitió que se sentía peligroso, aunque odiara parecer que se estaba quejando.
También habló sobre su extraña relación a largo plazo con uno de los fotógrafos principales, describiéndola con tintes de síndrome de Estocolmo y mencionando que tenía que llamar a la policía incluso para dar un paseo por la manzana. Toda la situación suena agotadora.
Así que… ¿aprendieron alguna vez los paparazzi a calmarse, o es simplemente así como funciona Hollywood?