Liverpool se vio frenado en un empate por el Sunderland en un frustrante partido de Premier League, a pesar de periodos de dominio en la posesión. Los Reds lucharon con un juego lento y problemas de forma física, mientras que los visitantes merecieron su punto gracias a un pressing agresivo y una defensa sólida.
En el partido en Anfield, Liverpool ofreció poco en ataque a pesar de controlar la posesión en momentos, pareciendo conformarse con pasar el balón entre defensas. Parecían más afilados al avanzar rápido pero flaquearon ante la alta presión del Sunderland, destacando preocupaciones sobre el ritmo y la forma física del equipo ante un rival enérgico.
El Sunderland destacó por su intensidad laboral, replegándose para absorber presión antes de presionar alto agresivamente. Aprovecharon el lento movimiento de balón del Liverpool, asfixiando al equipo local y defendiendo bien en general. Un momento clave llegó cuando Virgil van Dijk perdió la posesión, llevando a un disparo que rebotó en su trasero e ingresó en la red, pillando desprevenido a Alisson Becker. Las tácticas de pérdida de tiempo de los visitantes, incluyendo lesiones fingidas, generaron críticas como un problema creciente en la liga.
El rendimiento del Liverpool mejoró tras ponerse por detrás, pero el estilo lento persistió. Alisson no tuvo opción con el gol pero luchó con la distribución. Ibrahima Konate tuvo un mal partido, casi regalando una ocasión, mientras que la forma de van Dijk siguió decayendo. Andy Robertson estuvo desfasado, pero Alexis Mac Allister mostró mejoría, luchando por el balón y casi marcando. Dominik Szoboszlai aumentó sus disparos, y Florian Wirtz fue el atacante destacado en la primera mitad, con mala suerte al no marcar dos veces.
Cody Gakpo y Alexander Isak tuvieron impacto mínimo y fueron sustituidos, con Mohamed Salah aportando energía en el descanso. Curtis Jones, Hugo Ekitike, Federico Chiesa y Milos Kerkez entraron después, con Chiesa realizando una despeje crucial. El empate subraya preocupaciones sobre las tácticas de Arne Slot, en contraste con el estilo de alta presión bajo Jürgen Klopp.