Mientras los líderes mundiales se reúnen en Belém, Brasil, para la COP30, Filipinas ha caído doce puestos en el último Índice de Desempeño en Cambio Climático, destacando debilidades en energías renovables y políticas. A pesar de bajas emisiones, el país enfrenta críticas por no integrar a las comunidades de primera línea en la acción climática. Esto plantea preguntas sobre si las promesas internacionales se traducen en justicia local.
Belém, en Brasil, sirve de telón de fondo para la COP30 esta semana, donde los líderes globales discuten la salvación del planeta en medio de crisis ambientales en curso. Filipinas destaca prominentemente en las presentaciones como una nación de 'rendimiento medio' en el reciente Índice de Desempeño en Cambio Climático (CCPI), habiendo caído doce posiciones en los rankings.
Los analistas señalan las bajas emisiones de gases de efecto invernadero del país, el modesto consumo de energía per cápita y la mínima responsabilidad histórica como factores atenuantes. Sin embargo, las deficiencias en la adopción de energías renovables y la implementación de políticas climáticas socavan estos aspectos positivos, señalando un deslizamiento más amplio en comparación con otras naciones.
Esta caída subraya una desconexión entre la retórica climática global y las realidades locales en Filipinas, una nación asediada por inundaciones frecuentes y fatiga por desastres. Las críticas retóricas destacan la irrelevancia de los rankings para familias que pierden hogares por crecidas de ríos o agricultores que replantan tras tormentas. Infraestructuras como diques marinos a menudo perturban los medios de vida de los pescadores, mientras que los sistemas de alerta temprana fallan debido a desafíos de reubicación que agravan el hambre en comunidades vulnerables.
El artículo argumenta que la verdadera sostenibilidad requiere incluir a las personas afectadas en los procesos de toma de decisiones. Sin esto, las políticas permanecen como mero papeleo, y los esfuerzos de adaptación parecen exitosos solo en informes de donantes. Filipinas busca justicia climática internacional —financiamiento, tecnología y reparaciones—, pero debe abordar inequidades domésticas para asegurar que los fondos lleguen a barangays sobrecargados y prioricen a los pobres que enfrentan tifones repetidos.
Persisten preocupaciones de que el financiamiento climático pueda degenerar en proyectos superficiales, como eventos de corte de cintas, en lugar de construir capacidades de respondedores locales. Para que la sostenibilidad perdure, debe evolucionar de actuaciones en conferencias a prácticas impulsadas por la comunidad, basadas en la resiliencia de quienes reconstruyen tras tormentas, plantan manglares post-oleadas y ayudan a vecinos en inundaciones.
En última instancia, la representación filipina en la COP30 invita a la introspección: ¿pasará la nación de ver la resiliencia como un proyecto a abrazarla como una práctica cotidiana informada por quienes están en mayor riesgo?