El pueblo de Ramsås, cerca de Härnösand, fue una de las áreas más afectadas de Suecia por la lluvia radiactiva de Chernóbil en 1986. Vecinos como Arne Nyback y Birgitta Öman recuerdan cómo la vida diaria cambió de la noche a la mañana debido a las restricciones alimentarias y al miedo a la radiación. Cuarenta años después, aún quedan vestigios.
El 26 de abril de 1986, una prueba en el reactor de Chernóbil, en lo que hoy es Ucrania, salió mal. Un incendio explosivo destruyó el edificio del reactor y una nube radiactiva se extendió por el norte de Europa. La Unión Soviética mantuvo inicialmente el desastre en secreto, pero dos días después, las autoridades suecas detectaron altos niveles de radiación en el calzado de un empleado de la central nuclear de Forsmark.
Esa misma tarde, los soviéticos reconocieron el accidente. En Västernorrland, especialmente en Ramsås, cerca de Härnösand, se midieron los niveles de lluvia radiactiva más altos de Suecia. Arne Nyback, que estaba cazando alces, tuvo que enterrar al animal que habían abatido. "Te tiembla un poco el cuerpo al pensar que aquí fue donde peor estuvo", comenta.
Birgitta Öman, que regentaba una granja familiar, mantuvo a las vacas bajo techo durante todo el verano. No podían usar el pasto local y tuvieron que pedir forraje del sur de Suecia. Las bayas, las setas, la carne de alce y de reno fueron analizadas o desechadas, y el pescado fue tirado. Muchos vivieron con el miedo al cáncer y a los efectos de la radiación.