La 46ª edición del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana se inauguró este jueves en un contexto de precariedad energética y nostalgia por su pasado glorioso. Aunque cuenta con más de 200 obras de 42 países, el evento enfrenta apagones masivos y una reputación erosionada. La ausencia de estrenos importantes y la censura persisten como sombras sobre la celebración.
El Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana, en su 46ª edición, se extiende desde este jueves hasta el domingo 14 de diciembre. Una vez sinónimo de estrenos prestigiosos que impulsaron el cine continental, hoy sobrevive en un panorama marcado por apagones y limitaciones estructurales. Un corte de energía masivo el miércoles dejó a la mitad occidental del país a oscuras, recordando la fragilidad del suministro eléctrico que amenaza las proyecciones.
La programación incluye más de 200 obras de 42 países, con énfasis en producciones latinoamericanas reconocidas internacionalmente y coproducciones europeo-latinoamericanas. Sin embargo, muchas películas ya se exhibieron en festivales como Berlín, Cannes o San Sebastián antes de llegar a La Habana, donde la infraestructura cultural está al borde del colapso. En el ámbito cubano, destacan la cinta de ficción Neurótica anónima, dirigida por Jorge Perugorría y Mirta Ibarra, que aborda temas urbanos y emocionales contemporáneos, y el documental Tiempo detenido, de Ariagna Fajardo, que explora la vida estancada en el país con recursos mínimos.
En cortometrajes de ficción, se mencionan Pupa, de Leandro de la Rosa; Norheimsund, de Ana Alpízar; y Primera enseñanza, de Aria Sanchez y la brasileña Marina Meiera, ganadora del premio a la mejor dirección en el Festival de Doha. El año pasado, varios screenings se suspendieron por falta de luz, como dos funciones de Matar a un hombre, de Orlando Mora Cabrera, que el director atribuyó a una forma disfrazada de censura.
Otro tema controvertido es la exclusión del documental Para vivir. El implacable tiempo de Pablo Milanés, de Fabien Pisani, que narra la vida del trovador desde su formación en la Nueva Trova hasta su postura crítica contra el poder. Su ausencia en el programa oficial refuerza las sospechas de censura, dada la incomodidad política que generaba Milanés. La asistencia del público ha disminuido debido a la deterioración de los cines, la censura intermitente, epidemias, escasez de transporte y la inflación, transformando lo que era una fiesta en un esfuerzo diario. A pesar de todo, cineastas y espectadores persisten, buscando un respiro en la pantalla.