Más de 20 antiguas asistentes de Anna Wintour se reunieron en Metrograph para el evento del club de lectura de Vogue sobre El diablo viste de Prada de Lauren Weisberger. La velada incluyó cócteles, un preestreno de la secuela y un animado debate con antiguas colaboradoras de Vogue. Entre los asistentes hubo diseñadores y editores que compartieron recuerdos de su paso por la revista.
Chloe Malle fue la anfitriona del segundo encuentro del club de lectura de Vogue en Metrograph, atrayendo a una multitud que recordaba al equipo de Vogue de las últimas décadas. Más de 20 antiguas asistentes de Anna Wintour, apodadas las 'verdaderas Andy Sachs', se unieron a diseñadores como Vera Wang, Prabal Gurung y Domenico Dolce, así como a editoras de la talla de Grace Coddington y Tonne Goodman. El evento fue una mezcla de fiesta literaria, reunión y crónica oral de la vida en Vogue, donde Wintour solía tener solo tres asistentes a la vez. Caroline Palmer, Indre Rockefeller y otras se abrazaron calurosamente, tras haber sobrevivido a la exigente institución que Weisberger noveló. La hora del cóctel comenzó a las 17:00 horas con bebidas temáticas como la versión sin alcohol 'Devil Wears Nada', patrocinada por Samsung Galaxy y Tiffany & Co. Los invitados disfrutaron de mini hamburguesas, aperitivos y un fotomatón con carteles que citaban el libro, como el de Carolina Gonzalez: 'AW assistant class of 2020–2023'. Las palomitas se sirvieron en cartones que imitaban la portada de la novela. El punto culminante fue un preestreno de El diablo viste de Prada 2, cuyo estreno general está previsto para la próxima semana. Después, Billy Norwich y Kate Young, ambos veteranos de Vogue, analizaron la historia en una conversación grabada para el podcast de Vogue, The Run-Through. Young criticó a Andy Sachs calificándola de 'una asistente terrible' que 'debería haber sido despedida', describió a su novio como 'lo peor' y recordó con cariño cuando se encargaba de la tintorería de alta costura de Wintour. También contó cómo la película de 2006 provocó una llamada a terapia y cómo las galeradas circulaban en secreto por la antigua sede de Vogue. Norwich rescató su famoso test cultural de 100 preguntas para aspirantes a asistentes.