Un conductor ofrece viajes gratis en La Habana

En las calles de La Habana, un conductor de taxi sorprendió a varios pasajeros al ofrecerles viajes gratuitos, desafiando la precariedad económica cotidiana. Safie M. Gonzalez, quien acababa de salir de una sesión de fisioterapia, fue una de las beneficiadas por este gesto de generosidad inesperada. El acto restauró un poco de fe en la humanidad entre los cubanos.

Safie M. Gonzalez salió de la sala de fisioterapia en una clínica de La Habana con el cuerpo cansado y la mente nublada por preocupaciones médicas y financieras. Bajo un sol implacable, contó mentalmente el dinero en su billetera, consciente de que un viaje en taxi colectivo para visitar a alguien importante podría dejarla casi sin fondos. La precariedad del transporte en Cuba es una realidad diaria que genera resignación muda, según relata Gonzalez en su diario publicado en Havana Times el 13 de noviembre de 2025.

Resignada, levantó la mano y un auto azul impecable se detuvo. El conductor, un hombre de unos 40 años con gorra y sonrisa serena, respondió a su pregunta sobre el precio con palabras subversivas: “No charge” (sin cargo). Atónita, Gonzalez preguntó “¿Perdón?”, y él repitió: “Dije que es gratis. Sube. No te voy a cobrar”.

Aún desconfiada, se acomodó en el asiento trasero. En la siguiente esquina, el auto se detuvo para una mujer con un niño pequeño y dos bolsas voluminosas que preguntaba por el precio a 'la Ceguera'. “Nada”, respondió el conductor. “Sube”. La mujer, paralizada por la sorpresa, exclamó: “¿En serio? ¡Dios te bendiga!” mientras subía con su hijo.

El ritual se repitió: un joven con mochila de estudiante y una anciana con carrito de compras se unieron al viaje gratuito. El auto se llenó de pasajeros unidos por la necesidad y ahora por esta generosidad loca. Dentro reinaba una atmósfera de comunión silenciosa; los pasajeros susurraban: “¿Quién es este hombre? ¿Por qué lo hace?”. No había respuestas, solo el hecho puro de la bondad, una especie en peligro en el ecosistema cubano.

Gonzalez observó el perfil concentrado del conductor, quien actuaba con naturalidad en su pequeña revolución personal, sin buscar aplausos. Al llegar a su destino, bajó con un alivio mayor que el ahorro de pesos: la certeza de que, en medio del 'sálvese quien pueda', alguien decidió ayudar sin esperar nada a cambio. El auto azul se perdió en el tráfico, llevando esperanza a más personas agradecidas.

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