Abraham Jiménez Enoa relata el impacto del exilio forzado

El periodista cubano Abraham Jiménez Enoa, cofundador de la revista El Estornudo, comparte en una entrevista cómo la persecución en Cuba lo llevó al exilio en Barcelona en 2022. Describe el proceso como una muerte y renacimiento, marcado por la soledad y la depresión. A pesar de su visión progresista, enfrenta discriminación de ambos lados del espectro político.

Abraham Jiménez Enoa entró en el periodismo por casualidad, atraído inicialmente por el deporte. Como niño, soñaba con ser jugador de béisbol, pero al carecer de talento, optó por narrar partidos desde el sofá de su casa. Estudió periodismo para convertirse en locutor deportivo, pero descubrió su pasión por la escritura al leer autores de la nueva narrativa periodística norteamericana y latinoamericana. 'Descubrí que se podía escribir periodismo como si fuera literatura. Eso me fascinó', explica.

Graduado, comenzó con crónicas deportivas, enfocándose en atletas cubanos emigrados y olvidados, lo que lo llevó a temas sociales y políticos. En 2016, junto a amigos de la universidad, fundó El Estornudo, una revista de periodismo narrativo que abordaba la vida cotidiana y temas difíciles en Cuba. Su familia inicialmente no lo tomó en serio, viéndolo como un juego, pero todo cambió con el acoso de la Seguridad del Estado: interrogatorios, secuestros y represalias contra sus parientes, como el despido de su madre y la jubilación forzada de su padre.

'Nunca lo vi como heroísmo. Lo hice por convicción profesional', afirma Jiménez Enoa sobre mantener sus convicciones en un clima de miedo. La presión familiar, con su hermana suplicándole que parara, fue el golpe más duro. En 2022, abandonó Cuba por primera vez a los 33 años, llegando a Europa sin red de apoyo. 'Fue como morir y nacer de nuevo. Ese Abraham que vivía en Cuba ya no existe', relata, describiendo una crisis de identidad, depresión y racismo en el capitalismo europeo.

El exilio, aunque trae seguridad, ha 'aplastado toda mi alegría', dice, al criar a su hijo lejos de su mundo conocido. Como progresista, enfrenta rechazo: la izquierda lo tilda de 'yanqui' y la derecha de comunista. Recuerda un incidente en Santiago de Compostela donde el politólogo español Juan Carlos Monedero lo insultó gritando '¡Amante de Trump!' y '¡Yanqui!'. Pesimista sobre el futuro de Cuba, advierte que el totalitarismo ha dejado heridas profundas en la nación, exportando intolerancia incluso al exilio. 'Somos una nación destruida y será muy difícil reconstruir las bases', concluye.

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