Jasmin, de 33 años, sigue viviendo en una vivienda protegida de alta seguridad a pesar de que su expareja ha sido condenada a prisión por agresión y amenazas. Él cumple condena en un centro de régimen abierto, lo que hace que ella se sienta más restringida que él. La ministra de Igualdad, Nina Larsson (L), destaca las acciones del gobierno contra la violencia machista.
Jasmin, de 33 años, sufrió agresiones, amenazas, acoso y acecho por parte de su pareja durante casi un año. La policía detectó marcas de estrangulamiento en su cuello, así como en sus brazos y muñecas, lo que llevó a la detención del agresor. Fue condenado a un año y dos meses de prisión por violación grave de la paz, incluyendo cinco cargos de agresión, dos de amenazas ilegales y uno de molestias.
A pesar del veredicto, fue trasladado a un centro de clase 3, de régimen abierto, con controles de asistencia pero sin barreras físicas que impidan la fuga. Jasmin permanece en una vivienda protegida de alta seguridad debido al alto riesgo de reincidencia que han evaluado tanto la policía como los servicios sociales. "Es una auténtica locura, yo estoy más encerrada que él", afirma.
Jasmin llamó al Servicio Penitenciario y de Libertad Condicional tras la sentencia y le informaron de la falta de espacio y del riesgo de que él sufriera violencia por parte de otros reclusos en una prisión de alta seguridad. "Consiguió convencer al Servicio Penitenciario, a la policía y al fiscal de que no volvería a reincidir", sostiene.
La ministra de Igualdad, Nina Larsson (L), reacciona con firmeza ante el caso de Jasmin. "Nuestro objetivo es que las mujeres sean libres y que los hombres que maltratan estén encerrados", declara. El gobierno ha introducido penas más severas, ampliado las órdenes de alejamiento con brazaletes electrónicos, destinado recursos a centros regionales contra la violencia de honor, impuesto prohibiciones de viaje y aprobado una nueva ley contra la violencia psicológica y económica.