El presupuesto fiscal para 2026 fue aprobado la noche del miércoles, cerrando un proceso marcado por prácticas de contabilidad creativa según una economista. Michelle Labbé critica la sobreestimación sistemática de ingresos durante la administración actual, lo que ha elevado déficits y deuda. El presupuesto parece diseñado para limitar a una posible nueva administración opositora.
La aprobación del presupuesto fiscal para 2026, tramitado la noche del miércoles, ha generado preocupación entre analistas por el manejo de las finanzas públicas bajo la administración de Gabriel Boric. En una carta al director de La Tercera, la economista Michelle Labbé expresa nostalgia por épocas en que las autoridades eran 'serias' en sus estimaciones, contrastando con lo que describe como 'maquillaje o creatividad contable' en los presupuestos de este gobierno.
Labbé detalla que, entre 2006 y 2022, los presupuestos solo sobreestimaron ingresos en tres ocasiones: la crisis mundial de 2009, la crisis social de 2019 y la pandemia de 2020. En promedio, la sobreestimación fue del 1,4%, lo que indica estimaciones realistas. Sin embargo, para 2023, 2024 y 2025 —todos bajo la actual administración—, la sobreestimación promedio alcanzó el 5,4%. Esto permitió aprobar incrementos de gastos superiores, resultando en déficits fiscales 17% más altos que los aprobados por el Congreso desde 2023, equivalentes a 2,4% del PIB.
Como consecuencia, a junio de 2025, la deuda externa bruta llegó al 42,8% del PIB, un aumento de 5% del PIB durante el mandato de Boric. Labbé destaca el uso del fondo de estabilización económica sin mediar crisis, además de nuevos gastos 'creativos' fuera de línea. El presupuesto 2026, según la economista, sobreestima ingresos y subestima gastos, construido bajo la asunción de que la oposición ganaría la elección presidencial, 'amarrando de manos' a la nueva administración.
Esta perspectiva resalta tensiones en la gestión fiscal chilena, priorizando la precisión en proyecciones para mantener la estabilidad económica.