El 27 de mayo de 2026, inicio del Eid al-Kebir, residentes de varias ciudades francesas denunciaron molestias causadas por las llamadas a la oración emitidas a través de altavoces.
Los profesores de una escuela en Bry-sur-Marne enviaron una carta la semana siguiente al alcalde Charles Aslangul. En ella expresaron su inquietud por las salmodias religiosas que se escucharon de fondo durante aproximadamente una hora y media. La antropóloga Florence Bergeaud-Blackler señaló que el problema no es la libertad de culto, garantizada por ley, sino la transformación gradual de las prácticas religiosas en marcadores territoriales y políticos. Los alcaldes están en primera línea frente a una creciente presión que incluye oraciones en la calle y llamadas a la oración, según el análisis citado en el artículo.