Una nueva película dirigida por Gore Verbinski tiene a Sam Rockwell como un viajero en el tiempo del futuro que intenta impedir la creación de una IA destructiva. La cinta mezcla elementos de Groundhog Day y 12 Monkeys en una sátira sobre el impacto social de la tecnología. Aunque no es profundamente filosófica, ofrece críticas entretenidas al avance tecnológico sin frenos.
La película Good Luck, Have Fun, Don't Die sigue a un hombre desaliñado interpretado por Sam Rockwell que irrumpe en un restaurante, amenazando con volarlo para reclutar a un grupo de personas. Habiendo revivido este escenario varias veces, al estilo de Groundhog Day, revela detalles que solo alguien del futuro sabría, similar a 12 Monkeys. El giro central implica detener el nacimiento de una IA que acaba con la humanidad en lugar de un virus. Directed by el director de 61 años Gore Verbinski y escrita por el guionista de 47 años Matthew Robinson, la historia reúne a un equipo dispar: los profesores de secundaria casados Mark y Janet, interpretados por Michael Pena y Zazie Beetz; la madre angustiada Susan, encarnada por Juno Temple; Ingrid, una mujer alérgica al Wi-Fi y dispositivos inteligentes, interpretada por Haley Lu Richardson; y el alivio cómico Scott, a cargo de Asim Chaudhry. Ambientada en una distopía cercana, la narrativa se desarrolla en capítulos episódicos que recuerdan a mini episodios de Black Mirror. Mark y Janet huyen de estudiantes obsesionados con los smartphones pegados a feeds interminables similares a TikTok. Susan enfrenta una situación horrenda con su hijo, descrita como un fenómeno típicamente americano. Ingrid lucha por integrarse en un mundo dominado por dispositivos conectados. Estos problemas provienen de la invasión tecnológica sin control y el capitalismo. Vislumbres del futuro muestran ciudades destruidas, individuos atrapados en auriculares VR en realidades generadas por IA, y robots persiguiendo a resistentes anti-IA. El viaje del grupo para confrontar a un niño a punto de inventar la verdadera IA incluye encuentros con asesinos con cara de cerdo, padres al estilo Stepford y una criatura parecida a un kaiju. El estilo visual de Verbinski impresiona, evocando el caos de Akira en el clímax. Aunque bebe de la ciencia ficción clásica, la película carece del terror de Terminator 2 o la locura de Brazil y 12 Monkeys. Sirve como una salida divertida para las frustraciones con las tecnologías de IA omnipresentes.