A menos de seis meses del Mundial FIFA 2026, los aficionados lidian con precios elevados de entradas y aparcamiento, junto con preocupaciones políticas y logísticas. En Los Ángeles, la FIFA cobra hasta 300 dólares por plazas de aparcamiento más lejanas del SoFi Stadium que algunos precios de entradas. Los relatos de lectores destacan la frustración por la asequibilidad, accesibilidad y el clima político de EE.UU. bajo la administración Trump.
El Mundial FIFA 2026, organizado en Estados Unidos, México y Canadá, promete ser un evento histórico, pero los costos crecientes disuaden a muchos aficionados. En el SoFi Stadium de Inglewood, California, que acogerá ocho partidos incluidos el debut del equipo de EE.UU. y un cuarto de final, la FIFA vende pases de aparcamiento por 250 a 300 dólares por plaza. Estos espacios, situados a más de una milla –como en el VIP West Garage cerca del Intuit Dome–, requieren una caminata de 21 minutos hasta el estadio, según la web oficial de aparcamiento de la FIFA operada por JustPark. En comparación, las entradas de categoría 3 para algunos partidos de fase de grupos cuestan 140 o 180 dólares, mientras que el aparcamiento habitual en eventos cercanos como partidos de Los Angeles Rams es de 71 dólares y de Clippers de 56,50 dólares. La FIFA justifica los precios por 'condiciones del mercado local y benchmarking con eventos mayores comparables', dijo un portavoz a The Athletic. Sin embargo, los lotes adyacentes al estadio probablemente permanecerán dentro de perímetros de seguridad para operaciones, creando escasez. En Kansas City, solo 4.000 plazas de aparcamiento estarán disponibles para poseedores de entradas, frente a 20.000 para partidos de la NFL. En otros recintos de EE.UU., las tarifas mínimas de aparcamiento comienzan en 75 dólares, subiendo a 225 dólares para una semifinal en Atlanta, y todas deben comprarse con al menos 24 horas de antelación. Los lectores de Guardian reflejan estas preocupaciones, compartiendo experiencias de precios de entradas que han llevado a algunos a boicotear. Un aficionado canadiense pagó 270 dólares cada una por entradas familiares para un partido en Vancouver, llamando más impactantes los costos hoteleros. Un lector australiano optó por no ir, citando las 'conferencias de prensa Trump/Infantino en la Casa Blanca' y las políticas migratorias de EE.UU.: 'No van a recibir ni un centavo de mi dinero.' Otro gastó 14.400 dólares en 32 entradas para nueve partidos, admitiendo: '¿Creo que valdrá la pena? No.' Los temores políticos, incluidos los controles de ICE para aficionados latinoamericanos, y problemas logísticos en ciudades como Miami –con transporte público deficiente– agravan la frustración. Los desafíos de accesibilidad persisten, ya que usuarios de sillas de ruedas reportan dificultades para asegurar asientos de acompañante sin garantías. A pesar de los obstáculos, algunos lo ven como una oportunidad única en la vida. Un empresario de Nueva York gastó 70.000 dólares en 62 entradas, creyendo que pueden revenderse. La FIFA espera 11.000 millones de dólares en ingresos, pero los fans temen que el torneo sea el más caro de la historia, priorizando ganancias sobre accesibilidad.