Japón ha revisado sus antiguas normas sobre la exportación de armas letales, lo que ha provocado advertencias desde China sobre un resurgimiento del militarismo en medio de las crecientes tensiones bilaterales.
El 21 de abril de 2026, el gobierno japonés revisó sus tres principios sobre la transferencia de equipos y tecnología de defensa. Este cambio puso fin a los límites que, según directrices anteriores, restringían las exportaciones a cinco categorías no relacionadas con el combate.
La primera ministra Sanae Takaichi envió una ofrenda ritual al santuario Yasukuni el mismo día. El santuario rinde homenaje a criminales de guerra condenados de la Segunda Guerra Mundial.
Chen Zilei, presidente de la Asociación de Estudios Japoneses de Shanghái, declaró que las revisiones marcan un giro hacia capacidades ofensivas. Vinculó estas medidas con los esfuerzos por obtener apoyo de la derecha nacional y señaló paralelos históricos con la militarización del pasado.
La decisión sigue a meses de fricción con China, que ya ha impuesto controles a la exportación a decenas de entidades japonesas debido a sus vínculos militares y ha prometido oponerse a lo que denomina neomilitarismo, al tiempo que defiende la paz regional.