La nueva comedia romántica navideña de Netflix, ‘A Merry Little Ex-Mas’, cuenta con Alicia Silverstone como una ecologista que defiende el estilo de vida verde en medio de tensiones familiares. La película integra sutilmente mensajes sobre prácticas sostenibles como el compostaje y la energía solar. Culmina en una crisis comunitaria que resalta el valor de la preparación ecológica.
‘A Merry Little Ex-Mas’, estrenada en Netflix, presenta un romance navideño familiar pero con un fuerte trasfondo de defensa ambiental. Alicia Silverstone interpreta a Kate, una arquitecta que ha adoptado un estilo de vida sostenible tras mudarse al pequeño pueblo de Winterlight con su esposo médico, Everett. Separados durante meses, Kate se centra en prácticas como el compostaje, la compra de artículos de segunda mano y la fabricación de adornos con materiales reciclados. Su familia considera estos hábitos excesivos, incluida su elección de un árbol de Navidad vivo que captura carbono.
La historia se desarrolla durante la temporada navideña, en la que las peculiaridades de Kate provocan burlas de sus seres queridos. Everett le pone el apodo de ‘Al’, en referencia a Al Gore, lo que subraya su pasión por el medio ambiente. Las conversaciones abordan temas avanzados: Kate sugiere una bomba de calor a un vecino con la caldera averiada, y uno de sus suegros pregunta por la energía geotérmica.
Una intensa tormenta de viento azota Winterlight, dejando a la ciudad sin electricidad. La casa de Kate, apodada ‘The Mothership’ —una casa victoriana equipada con paneles solares y baterías— sigue funcionando y sirve de refugio para los vecinos. Esta resiliencia cambia las percepciones, ya que su familia reconoce su influencia; sus hijos atribuyen su pasión a la inspiración de sus propias ambiciones.
Al final, Kate renuncia a regresar a su carrera en Boston para fundar una empresa local de sostenibilidad en Winterlight, adoptando el lema ‘piensa global, actúa local’. Aunque el romance con Everett parece secundario, una subtrama sobre la aventura de Kate con Chet —un voluntario local polifacético— añade encanto. Los críticos destacan que el atractivo de la película radica en validar a los espectadores conscientes del medio ambiente, mostrando un mundo en el que las elecciones verdes resultan recompensadas. Como señaló un crítico, ofrece ‘un cumplimiento de deseos acogedor para las personas que se preocupan por el planeta’.
La película evita menciones directas al cambio climático, pero incorpora la sostenibilidad en todo momento, desde criticar las decoraciones que consumen mucha energía —lo que lleva a Kate a decir: ‘¡Puedo oír cómo se derriten los casquetes polares!’— hasta celebrar el apoyo comunitario.