La seguridad, gran desafío para el alcalde Galán en Bogotá

El alcalde de Bogotá, Carlos Fernando Galán, enfrenta serios problemas de seguridad en la ciudad, con una serie de asesinatos y robos que han generado preocupación generalizada. Incidentes como el homicidio de empresarios y un político destacan la vulnerabilidad ante el crimen organizado y el microtráfico. Aunque Galán ha avanzado en otros sectores, su gestión en seguridad se considera insuficiente.

Durante la administración de Carlos Fernando Galán, Bogotá ha registrado eventos graves de violencia. En el Parque de la 93, el empresario Roberto Franco fue asesinado a tiros por la espalda en su edificio, donde un atacante armado ingresó sin obstáculos. Otro caso involucró a un prominente negociante de esmeraldas, abatido por un francotirador en los cerros orientales.

Además, el político Miguel Uribe Turbay fue víctima de un sicario que lo disparó en la nuca, en un aparente plan ligado a disidencias de las Farc de la Segunda Marquetalia, utilizando un arma ilegal. Estos crímenes se vinculan a redes de microtráfico y delitos que enfrentan debilidades en la investigación policial.

Esta semana, la periodista Ana Vélez sufrió el robo de su camioneta y pertenencias bajo amenaza de arma. Otro incidente afectó a un ciudadano y su pareja embarazada, asaltados por motociclistas armados, mientras una camioneta fue abandonada tras un intento de robo en el norte de la ciudad.

Existe un debate persistente sobre las estadísticas de seguridad: los funcionarios argumentan que la percepción pública exagera la realidad, influida por la cobertura mediática, aunque los hechos sugieren un deterioro. Un documental reciente sobre bandas de explotación sexual y drogas en barrios como Santa Fe resalta la facilidad para contratar sicarios.

Galán, en su primer cargo administrativo, ha sido moderado y efectivo en infraestructura y movilidad, tomando decisiones impopulares pero necesarias. Sin embargo, en seguridad, su enfoque ha quedado corto, dejando a los ciudadanos expuestos. Incluso figuras protegidas como Uribe enfrentaron riesgos letales. "No se camina tranquilo, no se vive tranquilo y no se trabaja tranquilo", resume el analista, advirtiendo que Galán arriesga su legado en una ciudad marcada por el miedo, pese a logros como el avance del Metro. Se urge soluciones estructurales.

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