La inyección intracitoplasmática de espermatozoides (ICSI) se ha convertido en una rutina en la cría de caballos deportivos, permitiendo obtener potros de sementales fallecidos o yeguas de competición. Los críticos cuestionan la durabilidad y el bienestar de estos 'caballos de probeta', pero la evidencia científica no muestra diferencias en el rendimiento o la capacidad atlética en comparación con los caballos criados de forma natural.

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