Cinco años después del golpe militar en Myanmar y tras unas elecciones escenificadas por la junta, China afronta desafíos continuos en sus lazos con el vecino. Persisten las antiguas preocupaciones sobre estabilidad y seguridad mientras otras potencias compiten por los recursos de tierras raras y la ubicación estratégica de Myanmar.
A principios de 2021, el ministro de Exteriores chino, Wang Yi, visitó la capital de Myanmar, Naypyidaw, y se reunió tanto con el general Min Aung Hlaing, jefe de las fuerzas armadas, como con Aung San Suu Kyi, líder de facto del gobierno civil. La reunión fue una oportunidad para que China expresara su apoyo al camino de desarrollo según las “condiciones nacionales” de Myanmar y señalara el enfoque pragmático y a largo plazo de China hacia los lazos con su vecino del suroeste, independientemente de quién estuviera en el poder. Sin embargo, esa estrategia se vio tensionada solo unas semanas después, cuando el ejército bajo Min Aung Hlaing llevó a cabo un golpe de Estado el 1 de febrero, poniendo fin de manera efectiva a una década de reformas democráticas tentativa. Insatisfechos con los lazos de Pekín con la junta, los manifestantes anticgolpe incendiaron fábricas chinas y lanzaron una campaña de boicot. Mientras tanto, los combates del ejército con fuerzas de resistencia y grupos armados étnicos acercaron la violencia tanto a la frontera china que el Ejército Popular de Liberación realizó ejercicios con fuego real en su lado de la frontera como advertencia. Ahora, con unas elecciones escenificadas por la junta concluidas, la atención se centra en si el dilema de Pekín en Myanmar se está aliviando, o se está volviendo más complejo. Las palabras clave incluyen Océano Índico, Rusia, Aung San Suu Kyi, India, Myanmar, Iniciativa de la Franja y la Ruta, Min Aung Hlaing, China, Gobierno de Unidad Nacional, Kyaukphyu, Estado de Shan, Donald Trump, junta, Pekín.