En Gruissan, en la región de Aude, un proyecto para 730 viviendas en una zona natural de 32 hectáreas está generando intensas tensiones durante la campaña de las elecciones municipales de 2026. Promovido por el alcalde Didier Codorniou, el desarrollo busca abordar la crisis de la vivienda mientras promete un balneario costero sin coches, pero pone en peligro los huertos ancestrales de 44 propietarios.
El balneario de Gruissan, cerca de Narbonne, está en el centro de un conflicto que enfrenta la crisis de la vivienda a la protección ambiental. El proyecto de eco-barrio en la zona de Sagne de 32 hectáreas, un espacio de horticultura, prevé 730 viviendas. Esta iniciativa, lanzada por el alcalde Didier Codorniou del Parti radical de gauche, forma parte de un plan más amplio para convertir Gruissan en el primer balneario costero sin coches. nnJosette Ournac, una residente de 91 años, encarna el dolor de los afectados. Propietaria de una parcela de 950 metros cuadrados heredada de sus abuelos, cultiva allí alcachofas, puerros y coliflores, rodeada de almendros en flor. «Es mi paraíso en la tierra y quieren quitármelo. Me estoy muriendo poco a poco», confiesa, explicando que está tomando antidepresivos por primera vez en su vida a pesar de las dificultades pasadas. nnEn total, 44 propietarios de 51 parcelas se enfrentan a una orden de expropiación. El conflicto, que dura más de diez años, ha fracturado el pueblo. Michel Blanc, cabeza de una lista de oposición apolítica, lamenta: «El proyecto de Sagne ha fracturado el pueblo». Alrededor de la zona, pancartas declaran «Stop al hormigón» y «Sí a las hortalizas, no al asfalto». El alcalde reconoce la sensibilidad del tema e informa de que su casa ha sido vandalizada con insultos. nnEste caso pone de relieve las contradicciones de la transición ecológica, entre las necesidades de vivienda y la preservación de los espacios naturales, en medio de la campaña electoral.