Un año después de que el ciclón Chido azotara Mayotte el 14 de diciembre de 2024, las cicatrices siguen visibles en la barriada de Kawéni. La asociación Actes et Cités ayuda a los residentes a reforzar sus precarios refugios en lugar de demolerlos. La reconstrucción avanza lentamente en medio de daños masivos.
El ciclón Chido azotó el norte de Mayotte el 14 de diciembre de 2024, con vientos superiores a 200 km/h y lluvias torrenciales. El balance oficial incluye al menos 40 muertos y 41 desaparecidos, miles de personas sin hogar y cientos de millones en daños. En Kawéni, la gran barriada marginal cerca de Mamoudzou, los bangas –estas chabolas de hojalata– fueron reconstruidos apresuradamente por los residentes para guarecerse.
En el empinado barrio de Mahabourini, Zarianty Mifthou, de 26 años, vive con su madre y seis hijos en una estructura frágil. El 3 de diciembre, le muestra a Rémi Noulin, arquitecto de Actes et Cités, un cabrio de madera partido que soporta láminas de hojalata perforadas. Desmantelada por el ciclón, la banga gotea con la más mínima lluvia. Noulin toma medidas para las reparaciones: reemplazar y reforzar las partes de madera, ajustar las chapas. «Me gustaría poner ladrillos», confiesa Zarianty Mifthou, pero añade: «No tengo los medios».
Activa en Kawéni desde 2017, Actes et Cités mejora la vivienda informal movilizando recursos locales y residentes, evitando demoliciones. En otras partes de Mamoudzou, los daños persisten: pontones oxidados simbolizan un sector turístico paralizado, naufragios esperan ser retirados –los trabajos comenzaron el 8 de diciembre. Edificios oficiales como la prefectura o el tribunal judicial de Mamoudzou permanecen dañados, con oficinas superpobladas. Los techos de hojalata coloridos de los bangas dominan el paisaje, signo de una resiliencia vital pero de una reconstrucción que avanza «a paso medido».