El Comité Olímpico Internacional (COI) ha anunciado una política que excluye a las mujeres transgénero de las categorías femeninas en todos sus eventos, comenzando con los Juegos Olímpicos de 2028. La presidenta del COI, Kirsty Coventry, declaró que la decisión se basa en la ciencia para garantizar la equidad, la seguridad y la integridad. Esta medida revierte los enfoques de inclusión previos observados en los Juegos Olímpicos de Tokio 2020.
La nueva política del COI define la elegibilidad para la categoría femenina como atletas nacidas con cromosomas XX y sin el gen SRY, el cual determina el desarrollo sexual masculino. Este cambio prioriza la equidad, la seguridad y la integridad, según la organización. La presidenta del COI, Kirsty Coventry, quien hizo campaña sobre este asunto, explicó: "La política que hemos anunciado se basa en la ciencia y ha sido dirigida por expertos médicos, teniendo en cuenta siempre los mejores intereses de los atletas. La evidencia científica es muy clara. Los cromosomas masculinos otorgan una ventaja de rendimiento en deportes que dependen de la fuerza, la potencia o la resistencia". Destacó ventajas del 10-12% para los varones en carrera y natación, más del 20% en lanzamientos y saltos, y más del 100% en eventos de potencia explosiva como el rugby y los deportes de combate. Coventry añadió que las atletas serán evaluadas una vez en su vida mediante una prueba del gen SRY no intrusiva, como a través de saliva o sangre, con el asesoramiento correspondiente. La política contrasta con los Juegos Olímpicos de Tokio 2020, donde la neozelandesa Laurel Hubbard se convirtió en la primera atleta transgénero en competir, aunque no obtuvo medalla en halterofilia. Los críticos habían argumentado que su participación desplazó a otra atleta. El científico deportivo Ross Tucker señaló en un podcast: "Lo que sucedía antes era que varones relativamente mediocres estaban entrando en los deportes femeninos... La retención de la ventaja masculina era inevitable". La política también afecta a atletas con diferencias en el desarrollo sexual (DSD), como la sudafricana Caster Semenya, quien podría dar positivo en la prueba del gen SRY y enfrentar controles adicionales. Grupos de derechos humanos y las Naciones Unidas han criticado la decisión, declarando que corre el riesgo de violar los principios de igualdad y no discriminación bajo el derecho internacional.