Una revisión reciente destaca cómo Linux Mint supera a Windows 11 en costo, rendimiento y funciones de privacidad durante una prueba práctica. El autor cambió al sistema operativo de código abierto en una unidad USB en vivo e identificó ventajas clave a pesar de algunas limitaciones. Esta exploración resalta alternativas viables para usuarios que buscan opciones de software más ligeras.
En una evaluación detallada publicada el 24 de enero de 2026, un escritor de tecnología experimentó con Linux Mint como reemplazo de Windows 11, centrándose en sus fortalezas tras la instalación mediante una unidad USB en vivo. La revisión enfatiza que, aunque Windows 11 ofrece funciones robustas, Linux Mint proporciona mejoras notables en varios aspectos prácticos. Primero, Linux Mint es completamente gratuito, eliminando la necesidad de una tarifa de licencia que cuesta 139 dólares para Windows 11 Home o 199 dólares para Pro. Esto lo convierte en una opción atractiva para ensamblajes de PC personalizados sin inflar los gastos de hardware. En cuanto a los requisitos de hardware, Linux Mint funciona de manera eficiente en sistemas AMD o Intel de 64 bits, con soporte para máquinas antiguas de 32 bits mediante versiones anteriores y adaptaciones no oficiales para Arm. Su instalador mide solo 3 GB, en comparación con tamaños mayores para Windows 11 y macOS, y requiere solo 2 GB de RAM. Sin telemetría en segundo plano ni actualizadores, ofrece un rendimiento más rápido en hardware modesto. La interfaz destaca por su simplicidad, con paneles organizados libres del desorden del menú Inicio de Windows 11, que incluye barras laterales y recomendaciones. La aplicación Archivos de Linux Mint soporta búsquedas con expresiones regulares y conserva accesos directos de teclado familiares, como usar la tecla Windows para el menú principal. Las opciones de personalización son extensas, con tres ediciones distintas —Cinnamon, MATE y Xfce—, cada una ofreciendo un entorno de escritorio único que altera la interacción del usuario de manera más significativa que las variantes Home y Pro de Windows. La prueba es sencilla mediante USB en vivo, accesible para todos los usuarios a diferencia de Windows, que lo restringe a empresas. Aunque se puede agregar persistencia, los cambios se restablecen por defecto. Para quienes evitan la IA integrada, Linux Mint carece de funciones como Copilot, priorizando una experiencia de SO puro mientras permite acceso a herramientas como ChatGPT desde el navegador. La privacidad se mejora con una recolección mínima de datos; la telemetría ocurre solo al usar voluntariamente la Herramienta de Informes del Sistema, en contraste con el seguimiento persistente de Windows. Sin embargo, hay compensaciones, como la incompatibilidad con Adobe Creative Cloud y las aplicaciones de escritorio de Microsoft 365, soporte limitado para controladores de hardware, falta de integración fluida con teléfonos y la necesidad de familiaridad con la línea de comandos. El autor sugiere que es ideal para flujos de trabajo basados en navegador o de código abierto, recomendando una prueba para usuarios compatibles.