Un hombre en sus 30 años se preocupa porque nunca ha vivido solo, mientras reside con sus padres, está obstaculizando sus perspectivas de matrimonio. Un experto aconseja que esta no es la razón principal, enfatizando la independencia emocional en su lugar. La clave está en la relación con los padres, no en la experiencia de vivir solo.
Una consulta de O, un empleado masculino de empresa en sus 30 años que vive en Tokio, revela su preocupación de que la falta de experiencia viviendo de forma independiente, mientras aún reside con sus padres, pueda estar impidiendo sus oportunidades de matrimonio. Algunas exnovias terminaron la relación al enterarse de que nunca había vivido solo o aún vivía en casa, viéndolo como no independiente. Paga a sus padres una parte de su salario mensual, se encarga de las tareas como cocinar y limpiar, y se considera financieramente y emocionalmente autónomo. Sin embargo, tiene toque de queda, disfruta de una buena relación con sus padres y su hogar está cerca de su lugar de trabajo, lo que hace difícil justificar mudarse solo por prepararse para el matrimonio.
El profesor universitario Masahiro Yamada responde que nunca haber vivido solo no es la razón principal de sus dificultades matrimoniales. Las encuestas indican que más del 60% de los hombres solteros en sus 30 años viven con sus padres en Japón, una norma común. Las mujeres priorizan la estabilidad financiera en una pareja, seguida de la dinámica del cónyuge con los suegros. Aunque O afirma independencia en gastos y tareas, el verdadero problema es el desapego emocional de los padres. Un toque de queda para un hombre mayor de 30 años señala dependencia, disuadiendo a las mujeres. Incluso no expresado, sus lazos cercanos con los padres y posible priorización de sus opiniones –como pedir permiso para vivir solo– probablemente se manifiestan en su comportamiento.
Yamada sugiere que O rompa el toque de queda quedándose fuera toda la noche sin avisar para medir la reacción de sus padres, y luego reconstruya la relación. Este paso, argumenta, probará y fomentará la verdadera independencia, allanando el camino al matrimonio. El intercambio destaca tensiones entre las tradiciones japonesas de convivencia multigeneracional y las expectativas modernas de matrimonio.