La Fiscalía de Los Ríos formalizó a tres hijos y un exyerno de Julia Chuñil por su presunta responsabilidad en el homicidio de la mujer mapuche, ocurrido el 8 de noviembre de 2024. La confesión del exyerno permitió reconstruir el crimen, que surgió de un intento de robo a un anciano. Además, la persecutora Tatiana Esquivel acusó a los hijos de inventar el relato del perro Cholito para generar emotividad.
El 15 de enero de 2026, en el Juzgado de Garantía de Los Lagos, la fiscal regional Tatiana Esquivel presentó la formalización de Pablo San Martín, Javier Troncoso, Jeannette Troncoso y Belmar Flavio Bastías Bastidas por el homicidio de Julia del Carmen Chuñil Catricura, una mujer mapuche de 62 años desaparecida desde el 8 de noviembre de 2024 en Máfil, región de Los Ríos.
Según la reconstrucción de la Fiscalía, basada en la confesión de Bastías, el crimen ocurrió en la casa familiar en Huichaco. Javier Troncoso, ebrio y ofuscado, llegó alrededor de las 23:00 e intentó robar $212.000 de la pensión de un anciano de 90 años que vivía allí, amenazándolo con un cuchillo. Julia intervino, forcejeó con su hijo, le quitó el arma y la lanzó fuera. En respuesta, Javier la golpeó y la asfixió contra una pared de una bodega, mientras los otros presentes no intervinieron.
Los imputados ocultaron el cuerpo en un bosque cercano, quemaron su ropa y pactaron silencio, presentando una denuncia falsa de extravío. En las semanas siguientes, los hijos vendieron bienes de Julia, como una yunta de bueyes por $2 millones, y se repartieron el dinero. La fiscal Esquivel destacó un contexto de violencia familiar: Julia temía a Javier, alcohólico y violento, y había buscado ayuda en iglesias locales. Testigos confirmaron sus miedos, y registros médicos acreditan violencia intrafamiliar previa. Este es el tercer homicidio en esa casa.
La Fiscalía cuestionó el relato inicial de los hijos, que afirmaban que Julia se perdió en el fundo La Fritz con su perro Cholito, llaves y machete. 'No hemos podido acreditar su existencia', dijo Esquivel sobre el animal, llamándolo un 'elemento para reforzar su relato' emotivo, basado en una imagen editada en redes. Las llaves estaban con un hijo, y el machete y el perro no aparecen en evidencias iniciales. Una testigo recordó un cachorro café, no Cholito.
La abogada de la familia, Karina Riquelme, había acusado al empresario Juan Carlos Morstadt, dueño de La Fritz, pero su defensora Carole Montory lo descartó como distracción. Morstadt, aún imputado formalmente, planea acciones legales por daño a su imagen. La audiencia continúa el viernes para decidir cautelares; Bastías tiene arresto domiciliario nocturno por colaborar.
Este caso revela tensiones familiares y cuestiona narrativas públicas, con al menos 15 testigos describiendo a Javier como violento.