La soprano noruega Lise Davidsen regresó a los escenarios con un debut memorable como Isolda en la nueva producción de 'Tristán e Isolda' de Richard Wagner en el Gran Teatre del Liceu el 12 de enero. Su voz monumental y fresca cautivó al público durante toda la ópera, superando las decepciones en la dirección musical y escénica. Esta actuación la posiciona como una referencia en el rol para el siglo XXI.
El estreno de 'Tristán e Isolda' en el Gran Teatre del Liceu el 12 de enero marcó el regreso de Lise Davidsen tras su retiro en marzo de 2025 para ser madre de gemelos. La soprano noruega de 38 años, natural de Stokke, impresionó desde el primer acto con el volumen y brillo de sus explosiones de furia, seguido de una narración cálida y lírica a su doncella Brangania sobre sus agravios con Tristán. Sus célebres do sobreagudos en el encuentro amoroso del segundo acto se integraron orgánicamente, y la escena final de la 'muerte de amor' sonó igual de fresca y poderosa que al inicio, evocando la mítica Kirsten Flagstad, quien interpretó a Isolda en el mismo teatro en 1950.
Davidsen, que ya había cantado el segundo acto en versión de concierto en Múnich en noviembre de 2024 con Simon Rattle, compartió la ovación final con el tenor Clay Hilley, su Tristán competente pero de timbre metálico y menor dimensión dramática. El resto del reparto incluyó a Tomasz Konieczny como Kurwenal, con voz granítica mejor en el tercer acto; Ekaterina Gubanova como Brangania, destacando en el aviso del segundo acto; y Brindley Sherratt como el rey Marke, vulnerable pero tenso en agudos.
La orquesta del Liceu tuvo problemas en el primer acto, casi descarrilando en la canción de Kurwenal, pero mejoró en los siguientes, con solos brillantes del clarinete bajo de Dolors Payá y el corno inglés de Emili Pascual. La dirección musical de Susanna Mälkki resultó precipitada y sin tensión, con un preludio inicial rápido y desajustes, aunque subrayó combinaciones instrumentales wagnerianas. La escenografía minimalista de Bárbara Lluch fue problemática en el primer acto, con una mesa que reunía a los padres de Isolda junto a la cabeza de Morold, y dirección de actores inmadura tras el filtro amoroso; el segundo acto fue efectivo con un cielo estrellado, pero el tercero se recargó innecesariamente.
El público ovacionó a Davidsen y a Mälkki, pero fue inclemente con Lluch. La producción, con vestuario de Clara Peluffo que favoreció más a Isolda, se representará hasta el 31 de enero. Davidsen ha declarado a la revista Oper! que su voz permanece igual, aunque su Isolda crecerá función a función, antes de su estreno en la Metropolitan Opera en marzo.