Fabricantes de encaje de bolillos preservan el patrimonio en Santa Bárbara, Iloilo

En el tranquilo pueblo de Santa Bárbara en Iloilo, un grupo de mujeres mantiene la tradición del encaje de bolillos que comenzó como ayuda para pacientes de un sanatorio en la década de 1980. Ha evolucionado a una forma de arte única que sostiene a la comunidad y al turismo. Su trabajo muestra resiliencia y la profundidad cultural de la región.

La historia de WUHTLE (Mujeres Unidas a Través del Encaje y Bordado Hecho a Mano) comenzó en el Sanatorio de Visayas Occidental en Santa Bárbara durante la década de 1980. La hija de una paciente regaló un pañuelo bordado a la hermana Madeleine Dieryck, una misionera belga que ayudaba a personas afectadas por la lepra. Impresionada, la hermana Dieryck enseñó bordado, pero los pacientes lucharon debido a las deformidades en las manos causadas por la enfermedad.

Mientras estaba en Bélgica, aprendió encaje de bolillos, un método que usa alfileres, hilos y bolillos de madera en lugar de agujas. Al regresar, lo introdujo a los pacientes, quienes lo adoptaron con entusiasmo. Para 1996, el grupo formó una cooperativa formal.

Entre quienes sostienen el oficio está Lola Delia, de 75 años, que ha practicado encaje de bolillos por más de tres décadas. Sus dedos, deformados por la enfermedad, aún se mueven con destreza. Hoy, alrededor de 30 fabricantes permanecen activos, menos que en sus años pico.

“Es un oficio raro, uno de los encajes más caros del mundo, y su producción sigue disminuyendo con el tiempo. Pensar que una pequeña comunidad de mujeres aquí en Santa Bárbara son sus guardianas hace que su trabajo sea extraordinario”, dijo Erlyn Alunan, guía turística veterana de Iloilo. “Lo que comenzó como un salvavidas para aquellos rechazados por su enfermedad se ha convertido en un patrimonio único de la provincia.”

Las obras, desde pájaros coloridos hasta símbolos religiosos, tardan de un día a varias semanas en completarse. El oficio proporciona ingresos y busca atraer a aprendices más jóvenes. Iloilo, conocido por el tejido hablon y patadyong, cerámica, cestería y bordado panubok, se beneficia con esta adición a su atractivo turístico.

“El valor que las fabricantes de encaje de bolillos aportan al turismo de Iloilo es inmenso, operando en tres niveles críticos a la vez”, afirmó Krisma Rodriguez, directora de la Región 6 del Departamento de Turismo. “Diversifica y profundiza nuestro portafolio al ir más allá de grandes sitios patrimoniales hacia el ‘turismo lento’, ofreciendo experiencias culturales inmersivas... También promueve el turismo sostenible basado en la comunidad... Finalmente, crea un ciclo de preservación del patrimonio...”

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