El liderazgo chino extrae la lección más urgente sobre el poderío militar moderno de sus propios libros de historia, no de manuales extranjeros. Para Pekín, la verdadera base de un ejército efectivo no radica solo en tecnología avanzada, sino también en la integridad institucional. La historia enseña que las inversiones materiales deben traducirse en capacidad de combate real, una lección que China está decidida a aprender.
Las lecciones de la primera Guerra Sino-Japonesa de 1895 están moldeando el impulso de Pekín para construir un Ejército Popular de Liberación (PLA) definido no solo por armas avanzadas, sino también por integridad institucional. Para el liderazgo chino, la lección más urgente del poderío militar moderno proviene de sus propios libros de historia. La verdadera base de un ejército efectivo, para Pekín, radica no solo en tecnología avanzada sino también en la integridad institucional. La historia enseña que las inversiones materiales deben traducirse en capacidad de combate real. Es una lección que China está decidida a aprender. La Flota Beiyang de la dinastía Qing, a pesar de su equipo avanzado, sufrió la derrota debido a la corrupción y fallos institucionales. Este paralelo histórico subraya la actual campaña anticorrupción en el ejército. Aunque la lógica declarada de la purga es inconfundible, la prueba definitiva de su efectividad será su impacto tangible en el profesionalismo militar, la moral y la capacidad de combate, métricas inherentemente difíciles de cuantificar para observadores externos. Palabras clave como Justice Mission, Miao Hua, Japón, Taiwán, Flota Beiyang, Ding Ruchang, He Weidong, Emperatriz Viuda Cixi, campaña anticorrupción, Li Hongzhang, China, Li Fengbao, ejército chino y corrupción destacan la interacción entre la historia y los esfuerzos contemporáneos.