En un artículo de opinión, Yunior García Aguilera sostiene que la verdadera confrontación en Cuba es entre sus propios ciudadanos, irreconciliablemente opuestos, y no entre La Habana y Washington. Cita eventos recientes en Cayo Falcones, donde autoridades del Ministerio del Interior afirmaron haber combatido contra cubanos de Florida, como ejemplo de esta división.
Yunior García Aguilera, en su texto publicado en Havana Times, describe una confrontación civil en la isla que dura casi siete décadas y alcanza su momento más tenso. Afirma que quienes detentan el poder en Cuba llegaron a él por las armas y han insinuado que esa es la única forma de removerlos. Los disidentes cubanos no pueden expresar públicamente su descontento; organizar protestas es ilegal, y participar en elecciones libres y plurales es una fantasía legal.
García Aguilera contrasta esto con la disposición del liderazgo del Partido Comunista a dialogar con Washington, mientras mantiene un aparato represivo implacable contra la oposición interna, lo que califica como una guerra civil virtual desde 1959, hace 67 años. Recuerda que tras la invasión de Bahía de Cochinos, Estados Unidos se comprometió con la URSS a no invadir la isla después de la Crisis de los Misiles. En 1996, tras el derribo de aviones de Hermanos al Rescate —donde murieron ciudadanos estadounidenses—, la respuesta fue endurecer el embargo, no una acción militar.
El autor cuestiona el argumento geográfico del régimen, señalando que Estados Unidos está más cerca de Rusia a través del estrecho de Bering (82 kilómetros entre Alaska y Chukotka) que de Cuba (150 kilómetros entre Miami y La Habana). Argumenta que la narrativa oficial del régimen presenta el problema como una disputa histórica con Estados Unidos para atraer solidaridad internacional y justificar desastres internos. Si se evidenciara que el conflicto es contra sus propios ciudadanos, nadie en el mundo movería un dedo por el régimen.
García Aguilera destaca la eficiencia del aparato estatal en neutralizar a cubanos disidentes, en contraste con su torpeza ante amenazas externas. En los primeros años de la Revolución, hubo ejecuciones masivas en los años 60 y la 'limpieza del Escambray', una guerra irregular donde miles de cubanos murieron a manos de otros. Ante las protestas del 11 de julio de 2021, la respuesta fue la 'orden de combate', no un diálogo nacional.
Actualmente, el clímax de esta confrontación responde menos al regreso de Donald Trump a la Casa Blanca que a la presencia de Marco Rubio, de origen cubano, como Secretario de Estado. El modelo castroista parece exhausto, incapaz de convencer o satisfacer necesidades básicas.