Cuba sin canales para la disidencia no saldrá de la crisis

En Cuba, la crítica ciudadana se trata como una amenaza en lugar de un derecho legítimo, agravando la crisis social y económica. La Constitución de 2019 garantiza libertades de expresión y movimiento, pero la realidad muestra un uso arbitrario de leyes para castigar disidencias. Esto bloquea canales de participación necesarios para corregir errores y resolver problemas.

La disidencia en cualquier sociedad sirve para señalar problemas, cuestionar decisiones políticas y responsabilizar a los poderosos. En Cuba, ante una crisis prolongada con escasez de alimentos y medicinas, apagones recurrentes y deterioro en la calidad de vida, se requiere revisar decisiones y abrir canales de participación. Sin embargo, cualquier crítica se percibe como amenaza, lo que intensifica tensiones.

La Constitución de 2019 establece: “El Estado reconoce, respeta y garantiza la libertad de pensamiento, conciencia y expresión a todas las personas”. También asegura el debido proceso y la libertad para entrar, permanecer y salir del territorio nacional. A pesar de esto, existe una brecha con la práctica diaria: términos como “desobediencia” y regulaciones de seguridad nacional se aplican de forma expansiva y arbitraria a ejercicios legítimos de derechos.

Casos como la detención del empresario William Sosa y la prohibición de salida del historiador Alexander Hall ilustran esto. El manejo gubernamental del medio independiente El Toque, vinculado a colaboradores y emprendedores, ha sido cuestionable. Acciones legales solo proceden por conductas como difusión de noticias falsas que causen daño verificable o libelo, pero requieren un estado de derecho que proteja la libertad de prensa, ausente en Cuba.

Términos como “terrorismo mediático” carecen de base en tratados internacionales y parecen respuestas policiales más que cuestionamientos legítimos. Es clave distinguir crítica al gobierno de ataques al país; las primeras surgen de preocupación por el bienestar colectivo.

Restricciones por interés público no son exclusivas de Cuba, pero deben regirse por reglas claras y debido proceso. Invocar seguridad nacional para suprimir disidencias pacíficas erosiona la confianza en instituciones y trivializa el concepto. La hostilidad externa no exime responsabilidades internas en economía y servicios.

La criminalización fomenta extremismo, polarización y delegitimación institucional. Un ejemplo es el exministro de Economía Alejandro Gil: advertencias de economistas y periodistas sobre decisiones económicas fueron ignoradas hasta investigaciones oficiales. Silenciar disidencias es contraproducente; se necesitan espacios seguros para crítica que permitan correcciones y salida de la crisis mediante diálogo, no coerción.

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