El 14 de marzo, Día de la Prensa Cubana, el presidente Miguel Díaz-Canel Bermúdez se reunió con más de 80 representantes de medios para discutir el rol de la prensa en tiempos complejos. Enfatizó oportunidades con nuevas tecnologías como sitios web, redes sociales e inteligencia artificial. Los participantes compartieron experiencias de transformación digital en órganos como Granma y Cubadebate.
El primer secretario del Comité Central del Partido y presidente de la República, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, sostuvo un encuentro el 14 de marzo con representantes de la prensa cubana, en conmemoración del Día de la Prensa Cubana. “Que el mérito de nuestra prensa siga siendo, como siempre ha sido, estar a la altura de la Revolución y de nuestro pueblo”, expresó a los asistentes, que incluyeron más de 80 colegas como directivos, periodistas y especialistas en redes sociales, junto a figuras como Roberto Morales Ojeda y Yuniasky Crespo Baquero del Comité Central del Partido, la viceprimera ministra Inés María Chapman Waugh y Alfonso Noya Martínez, presidente del Instituto de Información y Comunicación Social. Moderado por Ricardo Ronquillo Bello, presidente de la Unión de Periodistas de Cuba, el diálogo abordó la transformación del modelo de gestión de la prensa, ante la caída en la circulación de la prensa impresa y desafíos como el déficit de combustible y apagones. Díaz-Canel sugirió enfocar las ediciones impresas en contenidos profundos y digitalizar archivos históricos con fotos y artículos de Fidel. Ante escasez de combustible, propuso intensificar interacciones comunitarias. Yoerky Sánchez Cuellar, director de Granma, explicó su giro a un medio multiplataforma con edición impresa semanal y trabajo 24/7 digital, redirigiendo equipos. Randy Alonso Falcón, de Ideas Multimedios y Cubadebate, detalló su modelo autofinanciado con millones de seguidores, adaptándose a restricciones con trabajo comunitario y énfasis en redes. En cierre, Díaz-Canel afirmó que “la prensa cubana no está quieta; está luchando, está innovando”, como frente ideológico en una “guerra de sexta generación” y vehículo de soberanía.