La opinión pública en Cuba muestra un creciente descontento abierto hacia el gobierno, según observa la periodista Yoani Sánchez. En situaciones cotidianas, las críticas al régimen se expresan sin temor a represalias. Esta tendencia refleja un cambio en la dinámica social, con más personas favoreciendo una apertura política.
En un artículo publicado por 14ymedio y traducido por Havana Times, Yoani Sánchez describe escenas cotidianas en La Habana que ilustran un aumento en las críticas abiertas al oficialismo cubano. En un taxi compartido, un joven reproduce un video de YouTube que describe duramente a Alejandro Castro Espín, menciona la palabra “dictadura” varias veces y denuncia la represión del régimen cubano. Nadie reacciona ni le pide que apague el dispositivo, ni lo confronta ideológicamente.
Más adelante, en una fila frente a una oficina de Etecsa, una mujer escucha una canción de Los Aldeanos que critica al castroísmo. Los empleados estatales no reaccionan, y en la fila alguien repite el coro. Una vecina, que por años ha sido informante de la policía política, se acerca a Sánchez para decir que “algo tiene que pasar, porque esto no puede seguir así”. En las escaleras de un edificio sin electricidad, otro vecino bromea sobre el personaje ficticio Cuco Mendieta, supuestamente de la Delta Force de EE.UU., llegando a La Habana en una misión similar a la de capturar a Nicolás Maduro en Caracas.
Sánchez afirma que nunca antes el oficialismo cubano ha sido criticado tan abiertamente. La crítica al Partido Comunista es ahora generalizada, con un tono corrosivo y expresada en voz alta. El verbo “gusanear”, tomado de insultos gubernamentales, se practica diariamente en paradas de autobús, trabajos, filas para depósitos en tarjetas Clásica y tiendas de ración. Los defensores del sistema están en desventaja numérica; muchos guardan silencio o han cruzado al lado de los críticos. Las máscaras caen, y la desproporción numérica favorece abrumadoramente a quienes desean una apertura política.
Ante este panorama, Sánchez sugiere que Miguel Díaz-Canel debería reflexionar antes de pedir sacrificios o convocar a “resistencia creativa”. Su capacidad de movilización está en su punto más bajo, y el Partido que lidera enfrenta escaso apoyo. El miedo ha cambiado de bando, y la esperanza de “una Cuba libre” se asienta en la imaginación colectiva. Una vecina comenta desde su balcón: “No falta mucho ya” y “Esta vez nos vamos a librar de ellos”, mientras cuelga una sábana lavada a mano en medio de un apagón.