En medio de la crisis económica, surge un intenso debate en Cuba entre defensores de reformas integrales y críticos que abogan por una vuelta al pasado, a los que se denomina contrarreformistas. El autor Ruben Padrón Garriga argumenta que las medidas implementadas no constituyen una verdadera reforma, sino acciones aisladas y reactivas. Este intercambio revive discusiones sobre el futuro del modelo socialista en la isla.
El artículo de opinión publicado por Ruben Padrón Garriga en La Joven Cuba, traducido al inglés por Havana Times, critica lo que denomina 'contrarreforma' en Cuba. Según el autor, los remanentes del estalinismo reviven opciones como reformar, revolucionar, quedarse donde estamos o volver al pasado, con el objetivo de eliminar voces críticas que no reproducen la línea del partido.
Padrón Garriga sostiene que no ha habido una reforma integral, sino medidas aisladas. Menciona la expansión del sector privado promovida en las Líneas de Política Económica y Social del VI Congreso del Partido Comunista en 2011, actualizadas en 2016 y ratificadas en la Constitución de 2019. También destaca la 'Ordenación Monetaria' de 2021, que eliminó el CUC pero resultó en múltiples tasas de cambio y una mayor dolarización parcial. Tras las protestas de julio de 2021, se autorizaron pequeñas y medianas empresas privadas en respuesta a escaseces de alimentos y bienes básicos.
Sin embargo, persisten nudos gordianos como la falta de autonomía en empresas estatales y obstáculos para el sector privado, lo que ha llevado a una producción nacional menguante, dependencia de importaciones y galopante inflación. La Ley de Empresas, solución propuesta para el primer problema, permanece pospuesta y no se discutió en la última sesión de la Asamblea Nacional.
El plan para 'corregir distorsiones', implementado supuestamente por un año, enfrentó críticas de economistas y ciudadanos, obligando al gobierno a abrir una consulta popular. En 2025, La Joven Cuba publicó un dossier con propuestas de nueve economistas, incluyendo eliminar la subordinación ministerial de empresas, sistemas de precios duales y redirigir inversión pública de turismo hacia agricultura, manufactura y energía.
El autor rechaza culpar a los 'reformistas' de los problemas actuales y critica acciones como invertir desproporcionadamente en hoteles vacíos o dolarizar tiendas estatales. Invoca a Rosa Luxemburg para argumentar que negar reformas en nombre de pureza ideológica condena al pueblo a la miseria. Compara con gobiernos reformistas como el de Lula da Silva en Brasil o el proyecto de Morena en México, y con el Doi Moi de Vietnam, que ha logrado resultados macroeconómicos sostenidos, mientras el Partido Comunista de Cuba pospuso su congreso por la severa crisis.
Padrón Garriga concluye que se necesita reforma económica y política para abrir espacios de participación, evitando guerras facciosas y restaurando esperanza en medio de adversidades internacionales.