Cuba se encuentra en un momento crucial, con apagones de energía, inflación alta y emigración masiva que afectan a la población. Un análisis destaca que la renovación depende de decisiones internas, coraje del liderazgo y participación cívica, más que de influencias externas. Se enfatiza la necesidad de reformas económicas y ampliación de espacios cívicos para lograr estabilidad.
Cuba enfrenta desafíos profundos: el PIB ha caído un estimado 15% desde 2018, la inflación ronda el 70% según estimaciones independientes, y desde 2020, unos 2.5 millones de cubanos, cerca del 20% de la población, han emigrado en busca de estabilidad. Apagones oscurecen las calles de La Habana, la inflación erosiona los ahorros y profesionales jóvenes abandonan el país en números récord. Décadas de planificación centralizada, crisis recurrentes y presiones externas han dejado al isla con una producción menguante y tensiones sociales profundas.
La mayoría de los cubanos menores de 50 años buscan más que supervivencia económica: oportunidades, seguridad y libertades básicas, como el derecho a hablar, organizarse pacíficamente y elegir líderes. Las reformas económicas, como descentralizar la gestión, proteger la empresa privada y abrir sectores como agricultura, energía, turismo y telecomunicaciones, pueden mitigar la crisis, pero no resolverla sin espacios cívicos ampliados, instituciones independientes y recursos legales contra acciones arbitrarias.
El aterrizaje de un avión de carga ruso Ilyushin Il-76 en un aeródromo militar de La Habana el domingo pasado ilustra la búsqueda de Cuba por leverage geopolítico, similar a cómo Vietnam equilibró relaciones durante su Đổi Mới. Sin embargo, el cambio duradero debe originarse internamente, priorizando desarrollo sobre ideología. La diáspora cubana podría contribuir con capital y habilidades si hay protecciones legales creíbles.
"Cuba’s renewal depends not on permission from abroad or preservation of the past, but on the imagination and bravery of its own people", afirma Khanh Vu Duc, profesor de la Universidad de Ottawa. La reforma no es enemiga de la estabilidad, sino su precondición, ofreciendo continuidad con propósito en lugar de parálisis.