En las calles de cuba, la posible caída de nicolás maduro genera preocupación constante, similar a las interrupciones eléctricas. Venezuela ha sido un soporte vital para el régimen cubano desde la era de hugo chávez, proporcionando petróleo subsidiado y apoyo diplomático. Aunque la dependencia ha disminuido, su colapso podría intensificar las dificultades económicas y el aislamiento en la isla.
La interrogante sobre el destino de cuba si maduro es derrocado recorre las conversaciones cotidianas en la habana, desde colas hasta taxis compartidos. Desde hace más de dos décadas, con la llegada de chávez, venezuela se convirtió en el pulmón externo del castroísmo, suministrando no solo combustible a precios bajos, sino también respaldo político en foros internacionales y una narrativa compartida de resistencia antiimperialista.
Bajo maduro, esta alianza persiste, aunque la dependencia petrolera de cuba en caracas ha mermado. En años recientes, envíos de méxico y rusia han compensado la caída en la producción de pdvsa, obligando a la habana a diversificar. Sin embargo, venezuela sigue siendo clave por el petróleo restante, el apoyo diplomático y redes de inteligencia compartidas.
Para el liderazgo cubano, la supervivencia de maduro valida su propia resiliencia. Su derrumbe enviaría un mensaje demoledor sobre el fracaso del socialismo del siglo xxi, aumentando el aislamiento de la habana y reduciendo su influencia ideológica en américa latina. No obstante, la historia aconseja cautela: el colapso soviético de 1991 no trajo pluralismo político a cuba, sino el período especial, mayor represión y reformas económicas limitadas que permitieron la supervivencia del régimen sin transformaciones profundas.
Si maduro cae, cuba enfrentaría presiones sin precedentes este siglo: pérdida de aliados, menor espacio diplomático y posibles reformas más profundas. En el corto plazo, implicaría menos petróleo, menos divisas y mayor tensión social. La habana buscaría nuevos socios como moscú, méxico, argelia o irán, mientras extrae más de sus ciudadanos mediante tasas elevadas e impuestos. La represión aumentaría, convirtiendo crisis externas en paranoia interna.
En el mediano plazo, la desaparición del chavismo debilitaría pilares simbólicos del castroísmo, como la idea de herederos regionales. Como señala yoani sánchez en confidencial, los regímenes no toleran grietas en sus espejos, y cuba optaría por ajustes, negociaciones discretas y proveedores alternos, manteniendo consignas antiguas.