El reciente derrocamiento del dictador venezolano Nicolás Maduro ha sido recibido como una buena noticia para el pueblo venezolano y las democracias mundiales, pero persiste la incertidumbre ya que su círculo cercano mantiene el control. Un plan de estabilización liderado por Estados Unidos prioriza intereses geopolíticos, dejando de lado a las autoridades legítimas elegidas. La represión continúa mientras se posponen elecciones constitucionales.
La caída de Nicolás Maduro representa el fin de una dictadura implacable que, junto a Hugo Chávez, reprimió a los venezolanos durante casi 25 años, obligando a millones a emigrar por la persecución y el sufrimiento. Sin embargo, tras el derrocamiento, los secuaces de Maduro como Deyci Rodríguez, su hermano Rodrigo, Vladimir Padrino y Diosdado Cabello continúan al mando de las Fuerzas Armadas, arrestando a la población e infundiendo miedo, como si el dictador solo hubiera salido temporalmente.
Se esperaba que Edmundo González, candidato opositor, fuera investido presidente tras las elecciones, pero esto no ha ocurrido. En su lugar, un plan norteamericano de “estabilización”, “recuperación” y “transición” domina la escena, enfocado en contrarrestar la influencia de China, Irán y Rusia en los recursos venezolanos. China controla el cobalto, tierras raras y tantalio; Irán, la industria bélica; y Rusia, contingentes militares de inteligencia y entrenamiento. Este enfoque geopolítico busca primero asegurar el control de estos activos antes de cualquier elección, sin fechas definidas para comicios en 30 o 60 días como exige la Constitución venezolana.
La opinión pública critica esta marginación de las autoridades legítimas y el mantenimiento de la cúpula dictatorial. Una carta al director destaca la hipocresía: “Los mismos que demoraron más de una década en hacerse un juicio sobre Nicolás Maduro, no tardaron un minuto en tener una opinión tajante sobre la operación de EE.UU. en Caracas”, escribió Pablo San Martín Ahumada. Álvaro Ortúzar cuestiona si esto configura una “Trumpezuela”, priorizando intereses estadounidenses sobre la liberación democrática.