En la madrugada del 3 de enero de 2026, Estados Unidos lanzó un ataque militar contra Venezuela que culminó con la captura del presidente Nicolás Maduro y su esposa. Donald Trump justificó la operación como respuesta al narcoterrorismo y afirmó que Washington dirigirá el país hasta una transición segura. La capital Caracas amaneció paralizada por explosiones y el pánico entre la población.
El ataque estadounidense comenzó alrededor de las primeras horas del 3 de enero de 2026, con bombardeos en varias localidades de Venezuela, incluyendo la capital Caracas y la base militar de Fuerte Tiuna. Explosiones sacudieron la ciudad, donde residen 3,5 millones de personas, rompiendo el silencio postnavideño. Videos difundidos en redes sociales mostraron incendios en el puerto de La Guaira, misiles impactando edificios residenciales y una espesa nube de humo sobre Fuerte Tiuna, sede del Ministerio de Defensa y residencia de altos cargos.
La unidad de élite Delta Force capturó a Nicolás Maduro, quien aparece en imágenes esposado y con los ojos y oídos cubiertos. Trump declaró que Maduro es un "narcoterrorista" responsable de miles de muertes por drogas en EE.UU., y que el ejército estadounidense está preparado "para dirigir el país mientras se llega a una transición segura". La operación siguió a cuatro meses de presión, incluyendo bombardeos contra narcolanchas con más de un centenar de víctimas y bloqueos aéreos.
En Caracas, las calles quedaron semivacías, con largas colas en supermercados para comprar agua y provisiones, ya que estantes se agotaron rápidamente. Una mujer en una fila comentó: "Esta es la cola más feliz, pero no podemos celebrarlo", mientras esperaba el regreso de la electricidad tras un corte. Al menos una mujer murió en un edificio residencial del litoral central por la explosión, según testigos en redes.
El gobierno venezolano activó un estado de emergencia y llamó a la "lucha armada", pero reinó el silencio tras el cese de los sobrevuelos. Grupos armados chavistas patrullaron áreas como el 23 de enero, cerca del palacio de Miraflores.
Internacionalmente, España hizo un llamamiento a la desescalada y se ofreció a mediar, con Pedro Sánchez afirmando que no reconocerá una intervención que viole el derecho internacional. La UE, a través de Kaja Kallas, pidió contención y respeto a la Carta de Naciones Unidas, recordando que Maduro carece de legitimidad pero apoyando una transición pacífica. En España, la izquierda condenó la "agresión imperialista", mientras la derecha criticó la dictadura de Maduro y respaldó implícitamente la acción.
El ataque ha generado inquietud por el rol de la opositora María Corina Machado en una posible transición, tras las elecciones de 2024 donde la oposición reclamó victoria.