Basándose en evaluaciones iniciales de obstáculos para las grandes petroleras estadounidenses tras la captura de Maduro, Chevron —la única gran empresa estadounidense que opera en Venezuela— está posicionada para capitalizar tras la invasión estadounidense de Caracas, que mató al menos a 80 personas y llevó al secuestro del presidente. Un extenso cabildeo aseguró prórrogas de licencias en medio de cambios en las sanciones, permitiendo un potencial acceso a vastas reservas pese a problemas de infraestructura y riesgos políticos.
La invasión estadounidense del sábado pasado intensificó la crisis por el petróleo venezolano, con el presidente Trump reiterando desde Mar-a-Lago que las empresas estadounidenses extraerían una riqueza sustancial de los recursos del país —las mayores reservas probadas del mundo—.