Una incursión militar de Estados Unidos capturó a Nicolás Maduro, pero el análisis revela un éxito táctico sin avances estratégicos. Los objetivos de restaurar la democracia, controlar el petróleo y desplazar a China en la región no se han cumplido. A una semana del evento, surgen dudas sobre el impacto a largo plazo.
La operación militar estadounidense en Venezuela culminó con la captura de Nicolás Maduro y su traslado a la justicia de Estados Unidos, descrita como una acción quirúrgica sin bajas norteamericanas que logró su objetivo inmediato. Sin embargo, más allá de este triunfo táctico, los resultados estratégicos son decepcionantes.
Entre los objetivos principales de Donald Trump figuraban restaurar la democracia, asegurar el control del petróleo venezolano, desplazar la influencia china en el hemisferio occidental y ganar apoyo político interno. Venezuela afirma poseer reservas de más de 300 mil millones de barriles, las mayores del mundo, aunque estimaciones independientes las reducen a unos 80 mil millones, con incertidumbres sobre su viabilidad. El crudo de baja calidad, la infraestructura deteriorada y el rezago tecnológico elevan los costos de extracción, haciendo las inversiones poco atractivas en un contexto de transición energética global.
En una reunión del viernes pasado, directivos de petroleras estadounidenses respondieron con cautela a las propuestas de Trump, citando inestabilidad política, instituciones frágiles y riesgos en un mundo que reduce emisiones. Políticamente, una declaración de Trump al New York Times sobre que Estados Unidos podría asumir el control de Venezuela por muchos años ha generado alarma entre votantes cansados de intervenciones prolongadas, recordando su promesa de evitar 'guerras interminables'. Esto podría costar votos a los republicanos en las elecciones intermedias de noviembre y fracturar la disciplina partidaria.
La remoción de Maduro no desmanteló el Estado chavista, y el nuevo gobierno liderado por Delcy Rodríguez corre el riesgo de ser visto como un títere de Washington, lo que podría fomentar inestabilidad y violencia. Geopolíticamente, la intervención no ha erradicado la influencia china, principal socio comercial de América Latina; una reciente reunión entre el embajador chino y Rodríguez indica continuidad. Esto podría avivar nacionalismos antiestadounidenses y empujar a países regionales hacia Pekín, logrando el efecto opuesto al deseado.
A una semana de la acción, Trump ganó una batalla táctica pero parece estar perdiendo la guerra estratégica.