Tras la captura el 3 de enero de 2026 por el ejército de EE.UU. del presidente venezolano Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores por cargos de drogas, la reacción internacional se intensificó. Sudáfrica, naciones BRICS y otros denunciaron la operación como violación de la soberanía, mientras Europa ofreció respuestas mixtas y Trump lanzó nuevas amenazas contra otros países.
El asalto de EE.UU. el 3 de enero ha generado duras críticas globales en los días siguientes. El embajador adjunto interino de Sudáfrica en la ONU, Jonathan Passmoor, condenó la acción como violación de "la soberanía, integridad territorial e independencia de Venezuela", advirtiendo que refuerza una mentalidad de "might is right" y socava la diplomacia, similar a intervenciones en Libia e Irak.
Socios BRICS hicieron eco del sentimiento: el presidente brasileño Lula da Silva lo llamó cruce de "una línea inaceptable"; Rusia lo etiquetó como "agresión armada" por pretextos "indefendibles"; China criticó los "actos hegemónicos"; Irán denunció una "grave violación" de la paz. India instó cautelosamente a una resolución pacífica, mientras nuevos miembros como Egipto, Etiopía y EAU guardaron silencio e Indonesia enfatizó el respeto a la Carta de la ONU.
La Unión Africana pidió moderación y respeto a la soberanía; Ghana lo comparó con eras "coloniales e imperiales". En América Latina, Cuba lo tildó de "terrorismo de Estado", pero el argentino Javier Milei lo acogió como promotor de la libertad.
Las reacciones europeas fueron más comedidas: la de la UE Kaja Kallas resaltó la ilegitimidad de Maduro; el británico Keir Starmer no mostró remordimiento por el fin del régimen. Francia y España criticaron más directamente, con el español Pedro Sánchez señalando violaciones del derecho internacional y riesgos regionales.
El secretario general de la ONU António Guterres expresó profunda preocupación en el Consejo de Seguridad por el precedente, citando violaciones de la Carta de la ONU contra el uso de la fuerza, y urgió un diálogo inclusivo venezolano para evitar inestabilidad.
El presidente Trump desestimó las protestas, diciendo a The Atlantic: "Necesitamos Groenlandia, absolutamente", mientras amenazaba a Colombia, México y otros por temas de drogas. La danesa Mette Frederiksen rechazó ofertas de venta de Groenlandia.
Analistas ven esto como tensión en el orden internacional, arriesgando más acciones de EE.UU. e inestabilidad.