Nuevas reacciones a la captura de Nicolás Maduro por parte de EE.UU. el 3 de enero de 2026 destacan contradicciones entre nacionalistas europeos, mientras persisten divisiones en Francia ante temores de que Trump aleje el apoyo a Ucrania.
La redada de fuerzas especiales de EE.UU. en Caracas el 3 de enero de 2026, en la que capturaron al presidente venezolano Nicolás Maduro y a su esposa Cilia Flores, continúa polarizando la política europea desde las iniciales respuestas cautelosas de los líderes de la UE.
El apoyo del presidente francés Emmanuel Macron a una 'transición democrática' —sin condenar la acción de EE.UU.— atrajo el respaldo de Donald Trump mediante un repost en Truth Social, pero provocó reacciones en contra de figuras de izquierda e incluso algunos aliados de Macron, rompiendo con la diplomacia francesa tradicional. La eurodiputada Nathalie Loiseau (Renew) atribuyó esta vacilación a los temores de que oponerse a Trump pudiera poner en riesgo su postura sobre Ucrania, en medio de una conferencia en el Elíseo sobre el asunto.
Líderes de ultraderecha alineados con Trump mostraron inquietud por el tono imperial de la intervención. El primer ministro húngaro Viktor Orbán, habitualmente pro-Trump, reaccionó con cautela: 'Ocurrió, y estamos examinando si es beneficioso o no para Hungría', citando posibles ganancias de EE.UU. en el petróleo venezolano que reducirían los precios. Hungría fue el único Estado de la UE que se negó a firmar un comunicado que instaba al respeto de la autodeterminación venezolana, rechazando la política exterior común.
En el Reino Unido, el líder de Reform UK, Nigel Farage, partidario de Trump desde hace mucho tiempo, calificó la operación de 'poco ortodoxa y contraria al derecho internacional', pero añadió que podría disuadir a Rusia y China. Estas respuestas subrayan las tensiones de los nacionalistas europeos ante el imperialismo estadounidense percibido.