El 3 de enero de 2026, las fuerzas estadounidenses capturaron al presidente venezolano Nicolás Maduro en una operación que duró 88 minutos, avivando la esperanza renovada entre los venezolanos tras 26 años de gobierno autoritario y declive económico. Delcy Rodríguez permanece en el poder como líder interina, mientras la coalición de la opositora María Corina Machado, que ganó las elecciones de 2024, espera un mayor apoyo. El evento plantea interrogantes sobre el camino de Venezuela hacia la estabilidad y la recuperación económica mediante reformas de libre mercado.
La captura de Nicolás Maduro el 3 de enero de 2026 marcó un momento pivotal para Venezuela, poniendo fin a un régimen caracterizado por el control autoritario, el colapso económico y el exilio masivo durante los últimos 26 años. Según informes, las fuerzas estadounidenses ejecutaron la operación con rapidez, completándola en solo 88 minutos, lo que resalta la estructura del ejército venezolano como más una red de clientelismo que una unidad de combate cohesionada. Este ejército cuenta con más de 2.000 generales y almirantes, más del doble que en Estados Unidos, muchos de los cuales fueron recompensados con intereses económicos para asegurar su lealtad. Antes de la captura, el gobierno de Maduro había implementado medidas para prevenir desafíos internos. Una ley de 2013 prohibió la venta de armas de fuego a civiles e impuso hasta 20 años de prisión por posesión no autorizada, desarmando a la población durante la década siguiente y haciendo difíciles las revueltas populares o golpes de Estado sin la participación militar. Tras la detención de Maduro, Delcy Rodríguez, su vicepresidenta de facto, fue mantenida en el poder para servir como figura transicional. Las expectativas eran altas para María Corina Machado, cuya coalición opositora obtuvo una victoria abrumadora en las elecciones de 2024, para asumir el mando. Sin embargo, el presidente de EE.UU. Donald Trump optó por no apoyarla de inmediato, citando un respaldo insuficiente dentro del ejército. Esta decisión busca facilitar la coordinación entre oficiales y evitar percepciones de imposición extranjera, especialmente en medio del escepticismo doméstico en EE.UU. hacia los esfuerzos de cambio de régimen. Machado, defensora de la gobernanza democrática, ahora enfrenta el desafío de construir legitimidad entre los venezolanos sin parecer una nombrada externa. El futuro del país depende de aprovechar sus vastas reservas de petróleo, estimadas en 300 mil millones de barriles, las mayores del mundo, para impulsar la recuperación. Sin embargo, la producción ha caído de 3,2 millones de barriles por día en 2000 a cerca de 1 millón en la actualidad, debido a la naturaleza de su crudo pesado y años de negligencia. La reconstrucción requiere decenas de miles de millones en inversiones, condicionadas a compromisos con principios de libre mercado, derechos de propiedad y el estado de derecho para atraer capital privado. Los críticos de la administración Trump han calificado la operación de poco ética, pero sus defensores argumentan que abre puertas a la estabilidad a largo plazo. Como señaló un exiliado venezolano, este momento podría determinar si 'la esperanza puede atravesarlo y materializarse como la libertad y prosperidad que millones de venezolanos... han estado rezando, anhelando y trabajando durante décadas'. Equilibrar la lealtad militar, la legitimidad política y la reactivación económica será crucial para evitar el colapso y fomentar una transición orientada al mercado.