Un día después del anuncio del presidente Donald Trump que autoriza a las petroleras estadounidenses a explotar las reservas de Venezuela tras la captura de Nicolás Maduro, persisten las dudas sobre el acceso práctico y el interés corporativo en medio de riesgos políticos y económicos. El embargo de EE. UU. a las exportaciones de petróleo venezolano continúa.
Tras la conferencia de prensa de Trump del 3 de enero de 2026, en la que delineó planes para que empresas estadounidenses inviertan miles de millones en reparar la infraestructura petrolera 'podrida' de Venezuela, persisten obstáculos significativos.
Las principales incertidumbres incluyen cómo las empresas estadounidenses asegurarían el acceso operativo a los yacimientos petroleros y si grandes actores como ExxonMobil se comprometerían en medio de la inestabilidad de Venezuela. La visión de Trump vincula directamente la detención de Maduro con el aprovechamiento de la inmensa riqueza energética del país en beneficio de EE. UU., reflejando intereses estratégicos en la energía global y las relaciones con América Latina.
Aunque la iniciativa señala una apertura para inversores estadounidenses tras el cambio de régimen, el embargo persistente limita las exportaciones inmediatas, complicando la generación de ingresos.