Dos analistas debaten si Brasil sufrirá impactos negativos por la intervención de EE. UU. en Venezuela, que llevó a la captura de Nicolás Maduro. Un argumento destaca posibles beneficios diplomáticos y económicos, mientras que el otro advierte de riesgos geopolíticos y migratorios.
La intervención de EE. UU. en Venezuela, anunciada en 2026 bajo la administración de Donald Trump, ha generado debates sobre sus repercusiones para Brasil. La acción incluyó la captura de Nicolás Maduro, medidas para mantener el poder local bajo tutela externa, control de recursos minerales y petroleros, liberación de presos políticos y operaciones contra narcotraficantes. Estos pasos, argumentan los críticos, profundizan la fragilidad del Estado venezolano y violan los principios de no intervención. En un artículo de opinión publicado en Folha de S.Paulo el 9 de enero de 2026, una investigadora del Centro de Investigaciones en Relaciones Internacionales de la USP y profesora de la FAAP sostiene que Brasil no enfrentará consecuencias negativas. Señala las mejores relaciones entre el presidente Lula y Trump, iniciadas en la Asamblea General de la ONU en septiembre de 2025, con una reunión en octubre vista como un triunfo para Lula. Otros avances incluyen la suspensión de aranceles a las exportaciones brasileñas a EE. UU. y la eliminación de Alexandre de Moraes de la lista de sanciones de la Ley Magnitsky. Además, los canales diplomáticos con el chavismo permanecen abiertos, a diferencia de la presidencia de Jair Bolsonaro, lo que permite a Lula actuar como mediador. La autora destaca posibles beneficios, como nuevas elecciones en Caracas que favorezcan los lazos con Brasil, la mayor economía de la región que comparte más de 2000 km de frontera, y la recuperación económica de Venezuela, que podría impulsar las exportaciones brasileñas —que alcanzaron un pico de 5100 millones de dólares en 2008— y saldar una deuda de unos 1800 millones de dólares. En contraste, un profesor de Derecho de la USP y exconsultor de la ONU afirma que sí, Brasil sufrirá impactos negativos. La proximidad geográfica y el rol histórico de Brasil como moderador regional se ven amenazados por la violación de la soberanía y la no intervención, debilitando el protagonismo de Itamaraty. La frontera amazónica requerirá mayor vigilancia, la migración venezolana se intensificará con costos humanitarios, y el control estadounidense de los recursos petroleros afectará las estrategias de Petrobras. La intervención rompe el Tratado de Tlatelolco, introduce rivalidades globales y establece precedentes peligrosos basados en la lucha contra el 'narco-terrorismo', bajo un 'Corolario Trump' a la Doctrina Monroe. Condenar la acción preserva la coherencia de la política exterior brasileña, pero genera costos diplomáticos. Ambas visiones subrayan la delicada posición de Brasil en América Latina, con el futuro dependiendo de la evolución de la crisis.