Cuba confronta una crisis demográfica triple: tasas de natalidad en declive sostenido, éxodo masivo de población joven y calificada, y envejecimiento acelerado que transforma su estructura social. Las autoridades confirmaron en la sesión de la Asamblea Nacional del 18 de diciembre de 2025 que la población disminuyó nuevamente este año, proyectando solo 7,7 millones de habitantes para 2050. Esta situación amenaza la fuerza laboral, el sistema de pensiones y la estabilidad política.
Cuba enfrenta, por primera vez en su historia reciente, tres crisis demográficas simultáneas que alteran su futuro. Sociólogos y demógrafos, tanto independientes como oficiales, han descrito este problema durante años, y fue reconocido en la Asamblea Nacional de Poder Popular el 18 de diciembre de 2025. Allí, se confirmó la disminución poblacional de este año y se proyectó que para 2050 el país tendrá apenas 7,7 millones de habitantes, apenas dos millones más que en 1950.
El declive poblacional invierte la pirámide demográfica a un ritmo comparable con naciones afectadas por guerras prolongadas o crisis estructurales profundas. Esto no es solo un fenómeno natural, sino inducido por la emigración sostenida, la falta de incentivos para formar familias y la precariedad general de la vida en el país.
En el mercado laboral, la contracción es inevitable: una base productiva cada vez más pequeña de jóvenes en edad de trabajar reduce la producción de bienes y servicios, debilita la capacidad innovadora y la competitividad internacional. Esto perpetúa un ciclo vicioso: menos trabajadores llevan a menor productividad, salarios más bajos y mayor emigración.
El sistema de pensiones enfrenta una presión insostenible. Con más pensionados y personas con enfermedades crónicas, el Estado, ya debilitado, no puede responder. Tras el aumento de octubre de 2025, la pensión mínima es de 4.000 CUP, equivalente a menos de 10 dólares al mes (al tipo de cambio oficial de 1 USD = 410 CUP), o unos 30 centavos diarios. La línea de pobreza extrema del Banco Mundial es de 2,15 USD por día, lo que deja a cientos de miles de cubanos en condiciones siete veces inferiores.
Más allá de lo económico, el envejecimiento tiene implicaciones políticas. Una población mayoritariamente anciana tiende a priorizar la estabilidad sobre el cambio, favoreciendo regímenes autoritarios como el cubano, donde la escasez de jóvenes reduce la resistencia y la capacidad de movilización social. Como señala el autor Eloy Viera Cañive, 'un país sin gente deja de ser un país'. Esta crisis sistémica redefine la producción, el consumo, la sostenibilidad fiscal y la cohesión social, poniendo en riesgo la transformación política.